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domingo, 9 de septiembre de 2018

Elecciones a la vista

➤Los lectores habituales de esta columna saben cómo se trajinan los pactos de Gobierno entre partidos. Tienen mucho de paripé. Por si hay alguien que lo ha olvidado, viene bien hacer un recuerdo. Las conversaciones previas se suelen envolver de mucho boato para transmitir la sensación de que se está haciendo un trabajo duro y fundamental para el futuro del territorio que hay que gobernar. Se constituyen al menos media docena de comisiones que en teoría se reparten los trabajos clasificados por competencias. Al final de todo el proceso se elabora el documento de acuerdos, que firman los jefes de las formaciones políticas negociadoras en un solemne acto.

Susana Díaz y Juan Marín

Esta es la narración de los hechos que los partidos nos venden y los electores percibimos. Pero, ¿cuál es la realidad? La realidad es mucho más simple. Todos los partidos políticos tienen un cerebrito, una persona que apenas nadie conoce, que trabaja en la trastienda, que nunca sale en la tele y que es la persona de mayor confianza de su líder político. Mientras las comisiones hacen como que negocian algo a base de reuniones y más reuniones, en realidad quienes negocian son esos cerebritos, en contacto directo y único con sus jefes de filas.
Y finalmente está el tercer grupo: el de los compromisos que sabemos que no se van a llevar a cabo, pero que van a justificar una ruptura del acuerdo “en el momento que a ambos nos interese”
El resultado de este trabajo se plasma en un documento de acuerdos sobre las cosas que se compromete a hacer el nuevo Gobierno. Tampoco se dice, porque sería un poco escandaloso, que el binomio negociador ha clasificado los puntos acordados en tres grupos. Centrémonos, para ilustrarlo, en el acuerdo suscrito entre el PSOE y Ciudadanos en junio de 2015. Primer grupo: el de los asuntos obvios, que son los que se van a hacer con pacto o sin pacto. Por ejemplo, “Simplificación legislativa y evaluación de la eficacia de la normativa promulgada por la Junta de Andalucía y simplificación administrativa de los procedimientos relacionados con la creación de empresas, mediante la reducción de trabas burocráticas…”. Segundo grupo: el de los asuntos que de verdad se van a llevar a cabo “y si no, no firmo”. Por ejemplo, en el caso de Andalucía, la bajada del impuesto de sucesiones. Y finalmente está el tercer grupo: el de los compromisos que sabemos que no se van a llevar a cabo, pero que van a justificar una ruptura del acuerdo “en el momento que a ambos nos interese”. Por ejemplo, la supresión de los aforamientos (punto 12 del apartado “Regeneración democrática”), la limitación de mandatos (punto 13) o la modificación de la ley electoral (punto 11).

PSOE y Ciudadanos han acordado que Albert Rivera y Juan Marín aleguen el incumplimiento del punto de la supresión de los aforamientos para justificar el adelanto de las elecciones andaluzas. Podían haber escogido cualquier otro punto del grupo tercero, pero han decidido que sea ese. Intentan vendérnoslo como una ruptura, pero es un acuerdo. Porque el guión está escrito desde junio de 2015. Emilio Ruiz.