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jueves, 16 de agosto de 2018

"El andorrano", de Joaquín Abad

➤En la trayectoria periodística de Joaquín Abad (Almería, 1952) Andorra ha sido un tema recurrente. Explica él mismo por qué: “Gracias a un viaje realizado en 1985 conocí ese pequeño y bello país, donde el contrabando de tabaco, de alcohol y vete a saber qué más es tan evidente que te hace comprender cómo una sociedad ha basado su modo de vida en una actividad que raya la legalidad, pues sus bancos se ofrecen para el lavado de dinero sin preguntas incómodas”. Posteriormente, Andorra ha sido lugar de vacaciones de Abad, momentos que aprovechaba para adentrarse en la singularidad del Principado. Los acontecimientos conocidos en los últimos años sobre el sector financiero andorrano han corroborado la afirmación del periodista sobre la tolerancia en el control de capitales.

"El andorrano"

A principios de 2015, Joaquín Abad publica en los medios digitales que dirige y en los que colabora su artículo “Andorra, nido de contrabandistas”. Ese artículo es el germen del que después sería su polémico libro “El Andorrano” (Cibeles, 2018). Manifiesta sin tapujos que el origen de las grandes fortunas del vecino es “siniestro”. Y añade en el artículo: “Con la guerra civil española y luego con la Segunda Guerra Mundial les tocó (a Andorra, se entiende) la lotería. A los pastores les llegaban peticiones de familias que huían de la guerra en España y marchaban a Francia con todos sus alhajas, ahorros, cubiertos de plata, en la maleta. Por supuesto, los pastores se ofrecieron de guías para llevarlos al otro lado de la frontera, a salvo de sus perseguidores. Durante la Segunda Guerra Mundial cientos de judíos, también con sus riquezas en la maleta, oro, brillantes, etc., solicitaban los servicios de los guías andorranos para llegar a España donde se les prometía refugio frente al dominio nazi. Algunos de esos guías se hicieron ricos. Riquísimos. Las grandes fortunas actuales de Andorra son nietos de esos pastores, de esos guías, que en muchos casos se quedaron con las riquezas de los judíos que les contrataban. Todos los años, tras el deshielo, aparece algún que otro cadáver en los pasos de montaña. Cadáveres con las muñecas atadas con alambres abandonados a su suerte hace setenta años... Sus descendientes, sí, descendientes de auténticos criminales, son los que ahora lideran la banca andorrana, así como las grandes empresas concesionarias de lujosas marcas de vehículos, instalaciones hoteleras, etc.”.
El autor parte de la decisión de un joven pastor almeriense, de Abla, Antonio Lao, Antón, de apuñalar al alcalde de su pueblo tras sorprenderle violando a su sobrina
El artículo de Joaquín Abad no tuvo en aquel momento demasiada resonancia pese a las graves afirmaciones que se hacían. Ha sido ahora, con la edición del libro “El andorrano”, cuando el asunto ha trascendido a los medios de comunicación y a ciertos sectores del empresariado andorranos. Lo que hace el periodista almeriense en su libro es, aparentemente (posteriormente aclararé por qué ‘aparentemente’), trasladar a un libro de 150 páginas el desarrollo del artículo periodístico. Todo el texto del volumen tiene apariencia de hechos reales. El autor parte de la decisión de un joven pastor almeriense, de Abla, Antonio Lao, Antón, de apuñalar al alcalde de su pueblo tras sorprenderle violando a su sobrina. Antón huye a Andorra, un lugar que por entonces era zona de tránsito y de estraperlo entre Francia y España y lugar elegido por judíos franceses que huían de los nazis. El Antón se convertiría en una de las grandes fortunas andorranas después de asesinar a los fugitivos y apoderarse de sus cuantiosas pertenencias. En esta tarea el almeriense no estaba solo, sino que formaba parte de un selecto grupo de ‘pastores-guía’, que con el tiempo se convirtió en “los propietarios de bancos, concesionarios de vehículos, hoteles, centros comerciales y pistas de esquí”. El autor utiliza en su libro nombres y apellidos de familias muy conocidas en Andorra, y ésta ha sido la razón por la que ha habido un intento de emprender acciones judiciales contra él.
Joaquín Abad se ha visto obligado a aclarar que “El andorrano” es un libro de ficción que parte de una realidad
Joaquín Abad se ha visto obligado a aclarar que “El andorrano” es un libro de ficción que parte de una realidad, precisamente la expuesta en sus artículo de 2015. Sobre la utilización de apellidos de arraigo andorrano, el autor lo justifica con la necesidad de dar interés al texto, pero que nadie debe darse por aludido. Esta simple aclaración debe ser suficiente para que decaiga cualquier acción judicial, de la que nada se ha sabido recientemente. La misma prensa andorrana que informó sobre la iniciativa judicial empieza a considerar la misma desproporcionada y con pocos visos de prosperar tras las aclaraciones de Abad.
La novela ha tenido un considerable impacto en Andorra porque muchos andorranos consideran que refleja la realidad de las historias que les han contado desde pequeños
La novela ha tenido un considerable impacto en Andorra porque muchos andorranos consideran que refleja la realidad de las historias que les han contado desde pequeños. La profusión de apellidos de familias muy conocidas en el Principado ha alimentado si no el morbo, sí el interés. Cada lector ha dejado volar su imaginación hasta llegar al punto de confusión entre la realidad y la ficción. Pero, para no tener problemas, Joaquín Abad lo ha dejado claro: ninguno de los hechos que describe en su libro está documentado. Y a partir de aquí, que cada uno haga la interpretación lectora que le interese. Emilio Ruiz.