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domingo, 27 de agosto de 2017

Atentado en la Puerta de Pechina

➤➤Como homenaje a las víctimas del atentado yihadista de Barcelona del pasado día 17, miles de ciudadanos de todas las nacionalidades visitan estos días el lugar de Las Ramblas donde la furgoneta del terrorista Younes Abouyaaquob  terminó su mortífero recorrido para depositar velas, flores, peluches y emotivos escritos de recuerdo. El punto exacto coincide con el mosaico de 400 metros que el pintor Joan Miró regaló a la ciudad en 1976 y que se incrustó en el pavimento para invitar a los visitantes que llegaban desde el mar a adentrarse en la ciudad condal a través del popular paseo. Una vez que el asesino abandonó la furgoneta, huyó a pie a través del cercano mercado de La Boquería hasta que finalmente fue abatido a 50 kilómetros de allí.

Gráfico de época de la muralla de las Ramblas, derribada en 1760. Tenía cinco puertas. Una de ellas, la de La Boquería, se cree que fue la Puerta de Pechina almeriense, donada por el conde de Barcelona a su ciudad como trofeo de guerra tras la conquista de nuestra ciudad en 1147

Se está recordando estos días que exactamente ese lugar tiene un vínculo histórico con Almería que se remonta a principios del siglo XII. No es una leyenda de corto recorrido, sino que hasta la propia web de Turismo de Barcelona da minuciosa cuenta de ello. Nos dice la historia que el 17 de octubre de 1147 la ciudad de Almería fue reconquistada por primera vez para la cristiandad, tras la invasión musulmana de Hispania, por una coalición de reinos cristianos. Capitaneó aquella operación Alfonso VII “El Emperador”, con la colaboración del rey García V de Navarra y del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Participaron también el conde de Montpellier, caballeros de la Orden del Temple de Castilla y Aragón, a quienes se les entregó la ciudad para su custodia posterior, y las fuerzas navales de Pisa y Génova. Almería cayó en manos de los cristianos produciéndose el viejo deseo de Alfonso VI de ver dividido el territorio musulmán.

La conquista de Almería
El conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, se llevó como botín de la conquista de Almería las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce

Bien, volvamos ahora al lugar de los trágicos sucesos de Barcelona y al Portal de la Boquería (anteriormente denominado Portal de Santa Eulàlia). Tras conquistar Almería el botín fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catino”, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que sería confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. Y el conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce. Esta puerta se instalaría años después la muralla medieval de la ciudad condal. Era tal el atractivo de semejante trofeo que la gente se paraba ante la puerta con la boca abierta y de ahí, con el paso del tiempo, derivó el nombre de Boquería. Con el derribo de la muralla en 1760 la puerta desapareció y dejó en su lugar una explanada: el Pla de l'Os. Nunca nada más se ha sabido de la vistosa puerta.

Cuentan los detractores de esta historia que la misma carece de verosimilitud porque la expedición de Ramon Berenguer IV a Almería fue en el año 1147 y la construcción de las murallas de Las Ramblas fue entre 1250 y 1275, con Jaime I. Pasa más de un siglo. Este transcurrir del tiempo no es razón suficiente para concluir la negación de los hechos. Si la misma teoría se aplicara al patio de honor del castillo de Vélez Blanco habría que llegar a la conclusión de que ese monumento no es el que podemos visitar en el Museo Metropolitano de Nueva York, pues fue construido a principios del siglo XVI, vendido en 1904 y hasta 1959 no fue reconstruido en el Metropolitan. Emilio Ruiz.