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domingo, 14 de septiembre de 2014

Los almerienses de Cataluña

El proceso secesionista de Cataluña, que lideran  Artur Mas y Oriol Junqueras, nos preocupa como españoles. Pero también como almerienses. Como españoles, la preocupación es obvia: Cataluña supone el 20 por ciento del PIB español y su independencia supone hacernos el harakiri como país. Como almerienses, la preocupación es por razones afectivas: decenas de miles de almerienses e hijos y nietos de almerienses tienen su residencia en aquel trozo del territorio nacional. Durante estos días, estos ciudadanos, que comparten afectos entre su tierra de acogida y la de procedencia de ellos o sus ancestros, lo están pasando mal. Muy mal. Lo hemos podido comprobar este mismo verano, cuando se han acercado a pasar sus vacaciones con nosotros. Dos palabras con las que les persiguen: frustración y preocupación.

Este viernes, el día siguiente de la Diada, ‘La Voz de Almería’ no obsequiaba en su primera página con una foto de éstas que producen bochorno. Un abderitano residente en Cataluña clamaba por que su tierra de adopción se desligara del resto de España, del lugar donde él vio la luz y donde, seguramente, muchos de sus familiares aún residen. Posturas como la de Emilio Suárez Sánchez, y otros como él, que se manifestaron el jueves por la independencia, nos producen tristeza. Por injusta, por insolidaria y, siento decirlo, por traidora.

Tras el amargo sabor de boca que me dejó la foto de este forofo del independentismo, la voz resquebrajada de la escritora Almudena Grandes, desde las ondas de la cadena Ser, me hicieron ahondar en este sentimiento de frustración que muchas veces padece la condición humana. Qué grande es Almudena Grandes. No me resisto a reproducir ese emotivo comentario. Emilio Ruiz.

Súmate
Almudena Grandes

“Cuando era niña, aprendí un extraño ritual. Si un trozo de pan se caía al suelo, no había que tirarlo, sino recogerlo, limpiarlo y besarlo, porque el pan es sagrado. Nunca he olvidado esa enseñanza, el fruto simbólico del hambre que pasó mi familia, y sigo sintiendo un respeto íntimo, casi supersticioso, por las barras de pan. Por eso me ha dolido tanto esa imagen.

El abderitano Emilio Suárez Sánchez (Foto: La Voz de Almería)

Algunos españoles que hablan castellano, viven en Cataluña y están a favor de la independencia, han creado una asociación, Súmate, para explicar su posición. Están en su derecho y nadie está legitimado para cuestionarles, porque los sentimientos son tan sagrados como el pan. Los míos, que me distanciaron en el pasado de los catalanes que les llamaban charnegos, me alejan ahora de la insolidaridad que vuelcan hacia sus paisanos, esas familias que se quedaron en sus pueblos y viven mucho peor que ellos, aunque no paguen peaje en las autovías. Pero no es eso lo que me duele.

En el video de presentación de Súmate no hay gráficas. No aparecen cifras, diagramas o esquemas, sólo un inmigrante que parte una barra de pan en trozos cada vez más pequeños, esto es lo que pagamos y esto lo que recibimos. Al hacerlo, asume que es un charnego que habla para charnegos, gente inculta, incapaz de comprender otro argumento, ningún discurso teórico mínimamente elaborado. Eso es lo que me duele. Por él, por su audiencia, por todos nosotros. Qué pena que el pan siga siendo sagrado, que hayamos llegado a un punto en el que los sentimientos se sitúan por encima de la dignidad propia, y de la ajena”.