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domingo, 19 de enero de 2014

La Plaza Vieja y la lección de los vecinos de Gamonal

Las diferencias de criterio o de decisión entre Administraciones de distinta ideología suelen ser caldo de cultivo adecuado para que algunos políticos prioricen el interés partidario sobre cualquier otro. Vemos ya casi normal la insistencia de unos en exigir a los otros lo que no exigen, ni nunca exigirían, a los propios. No duda nadie de que la pancarta de Luis Rogelio Rodríguez-Comendador jamás se habría colgado de la fachada del Ayuntamiento si la titular de Fomento fuera un miembro del PP y no Elena Cortés, de IU. O que Sonia Ferrer jamás diría eso de que “el Ayuntamiento es el culpable de que las obras de la Plaza Vieja no se hagan” si no fuera porque representa al Gobierno de la Junta. De ninguna manera Rafael Esteban iba a ver en esto una “sobreactuación del alcalde” si no fuera porque su coalición comparte Gobierno con el PSOE en Andalucía. ¿Y, por cierto, dónde demonios tendrá guardadas Carmen Crespo las pancartas con las que tan persistentemente reivindicaba la terminación de las obras de la autovía de Málaga?

Dicho esto –o sea, que todos son iguales-, este asunto de la rehabilitación de la Plaza Vieja clama al cielo. Es de vergüenza. Un escándalo. No sé de quién es la culpa de estos cinco años de inoperancia. Si es por discrepancia política, ésta tiene un límite. Y ese límite está establecido allí donde el ciudadano puede sentirse agredido. Por este episodio de la Plaza Vieja, los vecinos de Almería tienen motivos para sentirse agredidos. El episodio del barrio de Gamonal debe servir de ejemplo ante políticos insensibles y políticas insensatas. Aprendamos la lección. Y, tras Burgos, Gallardón. Emilio Ruiz.