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lunes, 23 de diciembre de 2013

La doctora Víboras cura heridas en Almería

Quienes utilizamos las teclas del ordenador para criticar actitudes ajenas no siempre acertamos. O, por lo menos, no siempre acertamos plenamente. La decisión de Susana Díaz de nombrar consejera de Agricultura a Elena Víboras recibió doble censura: una, por no tener relación con el sector hortofrutícola almeriense, sin duda el más pujante de Andalucía; y otra, por su escasa vinculación con el mundo agrícola.

Tres meses han pasado. Si en aquella ocasión manifesté, con libertad y convicción, lo que pensaba, de igual forma procedo ahora. Elena Víboras está siendo la gran sorpresa de este Gobierno, al menos desde la óptica almeriense Con humildad, pero sin complejos, desde el primer momento se ha identificado con este potente motor de nuestra economía. Ha hecho de la agricultura de Almería una prioridad en su gestión. Una prueba fue el nombramiento de Jerónimo Pérez como secretario general. Otra, ahora, la forma como ha gestionado las ayudas por la granizada de El Ejido.

A quienes nos acusan de haber sido en su día bastante catastrofistas con este tema conviene recordarles que este esfuerzo de Elena Víboras por adentrarse en los problemas del mundo agrícola almeriense parte de un empuje de la propia presidenta, que pidió a la consejera que, en su gestión y desde el minuto uno, diera prioridad al campo almeriense. No cayeron las críticas en saco roto. El éxito de nuestro sector hortofrutícola tiene protagonismo exclusivamente local. Pero no hubiera sido igual sin responsables políticos como Martín Soler, Clara Aguilera o Paulino Plata. Si así sigue, de Elena Víboras tendremos en el futuro el mismo grato recuerdo que de esos antecesores suyos tenemos. Las cosas, como son. Emilio Ruiz.