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domingo, 22 de septiembre de 2013

Una Almería más andaluza o una Andalucía más almeriense

Se empeñan en volvernos locos. Y locos nos vuelven. Los políticos, digo. Dice José Ignacio Wert, el ministro de Educación, y parece que también de Cultura, aunque de ésta ejerce poco, que debemos españolizar Cataluña. Esperanza Aguirre, que no, que lo que debemos hacer es catalanizar España. Susana Díaz, nuestra presidenta, dice que hay que hacer a Almería más andaluza. Y Javier Arenas, lo contrario: que a Andalucía hay que hacerla más almeriense.

Y en éstas viene el papa Francisco y dice que el confesionario no tiene que ser una sala de tortura. Claro que no, santidad. Tampoco una tintorería a donde vamos a lavar los pecados, faltaría más. Pero, ya puestos, ¿se puede saber qué demonios es, hoy, un confesionario? ¿Y Andalucía, qué es Andalucía? ¿Anda que España, quién sabe qué es España?

La moción de censura de Zurgena tiene sus migas. Francisco Ramos es el alcalde, pero su candidatura no fue la más votada. Ni siquiera la segunda más votada. Fue la tercera. Cándido Trabalón firma la moción de censura, pero él es el primer teniente del alcalde censurado. Ana Sola y Sampo Pentilla salieron elegidos concejales por el PP y, sin embargo, censuran al PP. Y Luis Díaz, el cabeza de lista del PSOE y próximo alcalde, criticaba al PP por pactar con Trabalón, con el que él pacta ahora. ¿Alguien da más?

El alcalde de Huércal de Almería, Juan Ibáñez, ha acordado destinar a ayudas sociales el dinero que corresponde a los grupos políticos. Loable gesto si es honesto. Porque ocurre, a veces, que con estas medidas presuntamente altruistas lo que queremos no es otra cosa que quitarnos de en medio a quienes nos dan la tabarra desde los bancos de la oposición. No es el caso, ¿verdad, alcalde? Es que hay gente muy mal pensada. Emilio Ruiz.