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martes, 10 de septiembre de 2013

Los mejores otra vez

Tras la toma de posesión de Susana Díaz se pudo observar, a través de las cámaras de Canal Sur, cómo el director de “La Voz de Almería”, Pedro M. de la Cruz, se entretenía con la nueva presidenta unos segundos más de lo habitual. “¿Qué le has dicho?”, le curioseé vía sms. “Que no olvide el compromiso que tiene con Almería, y me ha respondido que podemos estar seguros los almerienses de que no nos va a decepcionar”.

Quienes en los últimos días hemos demandado la necesidad de que el nuevo consejero de Agricultura fuera de nuestra provincia y/o una persona fuertemente vinculada al sector hortícola almeriense no somos unos ingenuos: sabemos que para desempeñar esa responsabilidad no basta con lo que diga el DNI sobre el lugar de origen. Sabemos que es necesario, sobre todo, ser un buen gestor, tener un buen conocimiento del sector agrícola y comprometerse seriamente con el mismo.

Eso, insisto, lo sabemos y no es necesario que nadie nos lo recuerde porque es una obviedad. Pero nadie puede discutir a estas alturas que es una ventaja y no un inconveniente disponer de personas situadas en las inmediaciones del poder, cuando no en el propio poder.

En los más de treinta años de autogobierno andaluz, Almería ha tenido sólo cuatro consejeros sobre un total de 171, como nos ha recordado el director de “La Voz de Almería”. Comparto con él su criterio de que las razones que sucesivamente se nos dan son un insulto a la inteligencia.

Primeramente, se nos suele decir que las consejerías no se reparten atendiendo a cuotas provinciales. De acuerdo, pero, por ser así, ¿por qué Almería carece sistemáticamente de representación en el Consejo de Gobierno? La ausencia de cuotas nos lleva a la conclusión de que una veces una provincia puede tener un consejero y otras veces no tener ninguno o tener más de uno. La pura estadística nos diría que treinta años de autonomía es tiempo suficiente para determinar que si Almería es una octava parte de Andalucía, el número de sus consejeros debe acercarse a esa proporción. O que si Almería supone el 12 por ciento de la población andaluza, el número de sus consejeros debe rondar la veintena. La realidad es bien distinta se tome el referente que se tome.

En segundo lugar, también se nos dice que es que el presidente o la presidenta de turno no se fijan en el lugar de procedencia de los consejeros, sino que eligen a “los mejores”. Lo ha vuelto a repetir ayer Mario Jiménez. Otra forma de menospreciar a los almerienses. ¿Quién nos ha hecho y cuándo se nos ha hecho el test que determina que no hay almerienses capaces de ocupar un lugar entre los mejores de Andalucía?

En este mismo periódico se han dado sobradas razones por las que el máximo representante de la agricultura andaluza debía ser un almeriense o una persona vinculada al sector hortícola almeriense. El domingo lo volvió a hacer el director en un desapasionado pero contundente artículo. Dos de esas razones son poderosas: una, la importancia del sector agrícola de Almería en el contexto regional y nacional, y otra, la disposición de un buen número de profesionales capaces de desempeñar esa tarea con la mayor dignidad.

La nueva presidenta de Andalucía, Susana Díaz, no tiene el mismo punto de vista. Cree, y estoy seguro de que tendrá sus razones, que “la mejor” para ese puesto es la doctora Víboras, alcaldesa de Alcalá la Real. Pues que la suerte le acompañe con la misma intensidad que a los almerienses nos acompaña la resignación. Emilio Ruiz.