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lunes, 12 de agosto de 2013

Unas razones por las que el consejero de Agricultura debe ser de Almería

El próximo día 7 de septiembre Susana Díaz será investida presidenta de la Junta de Andalucía. Será el quinto presidente de la etapa autonómica, iniciada en 1982. Pocas horas después, la nueva presidenta hará públicos los nombres de quienes conformarán su Consejo de Gobierno. Nadie duda de que, a estas alturas, la presidenta in péctore debe tener ya más o menos perfilados los nombres de sus consejeros. ¿Seremos, esta vez, los almerienses, afortunados en las nominaciones?

Almería no ha sido nunca una provincia con suerte a la hora de que algunos de sus ciudadanos reciban el honor de ser nombrados consejeros. Si no me falla la memoria, creo que han sido media docena los elegidos en anteriores ocasiones. Recordémoslos: Inmaculada Romacho, José Luis García de Arboleya, Fuensanta Coves –considerémosla almeriense-, Cándida Martínez, Martín Soler y Manuel Recio.

Los mejores
¿Por qué tan pocos? La respuesta que habitualmente ha dado el PSOE es tan sorprendente como desacertada: se eligen consejeros a los mejores, sin mirar su lugar de procedencia. Además de ser una justificación humillante para Almería, la realidad es bien distinta.

Desde hace mucho tiempo, el PSOE tiene establecido un “pacto de caballeros” -no escrito y, por ende, no siempre respetado- que estipula que las designaciones de consejeros, en cada una de las legislaturas, deben atenerse a tres principios:

El primero, procurar que el lugar de procedencia se diversifique entre las ocho provincias, de tal forma que si alguna de ellas se quedara en una legislatura sin “representación” (a los presidentes no les gusta ni este término ni el de cuotas, y tienen razón), es ineludible que a la siguiente exista dicha “representación”. En el caso de Almería, este incumplimiento ha sido fragante, por más que en ocasiones se haya intentado “vestir el santo”. Por ejemplo, cuando se quiso “almeriensar” al consejero de Agricultura Miguel Manaute, sevillano de El Arahal, haciéndolo parlamentario por Almería.

Turismo, para Málaga
El segundo principio, procurar que el consejero de Turismo esté relacionado con Málaga. Si hacemos un sencillo ejercicio de memoria veremos que, de los últimos cuatro consejeros de Turismo, tres están vinculados a Málaga. Rafael Rodríguez es malagueño. Su predecesor, Luciano Alonso, es cacereño, pero malagueño de adopción. Paulino Plata es más malagueño que melillense. Sólo Sergio Moreno escapó al “pacto”. Tres a uno.

Y el tercer principio ha sido procurar siempre que el consejero de Educación esté vinculado a Granada y/o su Universidad. Aquí, el pleno es casi total. Recordemos los nueve nombres de consejeros de Educación. Siete tienen esa vinculación. Mar Moreno es licenciada por la UGR. Álvarez de la Chica y Teresa Jiménez son granadinos. Las almerienses Cándida Martínez e Inmaculada Romacho están estrechamente ligadas a la UGR. Manuel Pezzi se puede considerar más granadino que malagueño y lo mismo hay que decir de Antonio Pascual, aunque fuera jiennense de nacimiento.

Almería pide Agricultura
Creo que me hago eco del deseo de los almerienses, no sólo de los que tienen carné o votan socialista, cuando solicito a Susana Díaz que a los tres principios del “pacto de caballeros” señalados añada un cuarto: que el consejero de Agricultura sea de Almería o esté fuertemente vinculado a la realidad agrícola de nuestra provincia.

No es una petición caprichosa. Los datos nos otorgan toda la legitimidad para que sea atendido nuestro deseo.  Andalucía concentra en torno a la cuarta parte de la Producción Agraria española. Pues bien, de esta cantidad, también la cuarta parte, o sea, en torno a 2.000-2.500 millones de euros, tienen origen almeriense. Muy por detrás andan Sevilla y Jaén, que representan  el 16 % y el 15 %, respectivamente, del valor nominal de la Producción Agrícola andaluza.

Si los datos los valoramos en Renta Agraria, la importancia de Almería dentro del contexto andaluz es igual de significativa. Ronda los 1.800-2.000 millones de euros. Almería sigue siendo la provincia que supone una mayor aportación a la Renta Agraria en Andalucía, representando en 2010 el 20,9 % de ésta, seguida de Jaén (17,4 %), Sevilla y Córdoba, en ambos casos con una participación en torno al 15%.