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domingo, 7 de julio de 2013

En nombre propio: el encendido debate del Toblerone


El desmantelamiento del Toblerone levanta pasiones. Hacía tiempo que no se veía en Almería un debate tan encendido. Me pregunto, muchas veces, por qué el periodista Jose Fernández se presta al papel de desmedido provocador. Para decir que “Almería entera debería celebrar la demolición de un obstáculo como el inservible Toblerone” no es necesario decir que quienes piensan lo contrario son “cuatro pelmas” miembros de “la presunta progresía cultural”.

Antonio Felipe Rubio anda en la misma onda: “Desconozco qué tipo de síndrome, abducción o empatía prevé la psiquiatría para diagnosticar un ferviente impulso por la preservación de una inconmensurable mierda”.

En sentido opuesto, la argumentación más seria la ha ofrecido la arquitecta Alicia Requena: “Forma parte de la identidad y el imaginario colectivo almeriense, y define nuestra idea de Almería y de su historia”. Para Laura Rodríguez-Carretero, “con su derribo se destruye una parte de nuestra identidad”. El periodista Iván Gómez cree que el Toblerone “es un elemento singular del patrimonio industrial almeriense”, mientras que para Javier Irigaray “suponía un inmenso contenedor vacío lleno de posibilidades en una ciudad tan falta de equipamientos”.

Julio F. Béjar considera que “esa cordillera de lata rojiza forma parte de la historia de Almería, una ciudad que nunca aprendió a amarse” y para el escritor Jesús Muñoz  “Almería pierde una seña de su identidad, un edificio que, aunque de valores estéticos discutibles, es sin lugar a dudas uno de los que más han marcado nuestro pasado cercano”. Emilio Ruiz.