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domingo, 17 de marzo de 2013

"La ola que arrasó España": el Algarrobico como paradigma


La costa española, y también determinadas zonas del interior peninsular –recuérdese al respecto Seseña-, está repleta de barrabasadas urbanísticas. El incipiente desarrollismo español de los sesenta y setenta propició que los ciudadanos más avispados se apoderaran de los espacios de la costa más pegados al rompeolas. La eclosión urbanística de los ochenta y noventa puso un empeño grandioso en establecer una pantalla de hormigón entre el mar y la tierra. La primera década del nuevo siglo fue un compendio de situaciones: primero, un momento de eclosión constructiva, con un pico de 600.000 viviendas construidas al año; después, el advenimiento de una crisis que ha conducido a la ruina a los otrora florecientes emporios inmobiliarios, y por último, el final del decenio, con una situación de quiebra inmobiliaria que ha propiciado situaciones inverosímiles, como la posibilidad de hacerse con una vivienda en primera línea de playa por cantidades en otro tiempo irrisorias.

De todos los atropellos urbanísticos que se han cometido en la costa española, que son cientos de miles, uno de ellos es el paradigma: El Algarrobico. Basta escribir esos once caracteres en el navegador del ordenador para que se amontonen las entradas. Si en el Google se toma la opción de imágenes, el dichoso hotel en construcción se puede apreciar desde todos los ángulos posibles. Una de las vistas destaca sobre las demás: la que muestra el hotel en el frontal de una toma desde dentro del agua. “Ilegal”, se puede leer con grandes caracteres desde mar adentro. “Legal”, se puede también leer desde el mismo sitio, una vez que los promotores de la obra han encalado la letra inicial de la maldita palabra.

"La ola que arrasó España"
Guillermo Varcálcer, cocinero antes que fraile
Guillermo Varcárcel es un arquitecto técnico que ha trabajado en el sector de la construcción, primero a pie de obra, como jefe de producción, jefe de obra y director de ejecución, y después como inspector urbanístico en el Ayuntamiento de Madrid. Ha sido testigo del boom inmobiliario desde su gestación, en la década de los ochenta, hasta su declive, hace tan solo unos años. En 2008 abandonó el sector para dedicarse a la producción audiovisual.  Con la imagen del Algarrobico en portada, acaba de sacar a la luz un libro que es interesante leer: “La ola que arrasó España. Ascenso y caída de la cultura del ladrillo” (RBA Libros, Barcelona, enero 2013).

En contra de lo que pudiera parecer, “La ola…”  no es un libro de investigación sobre los desmanes urbanísticos cometidos en el solar patrio. Si así fuera, posiblemente no aportaría nada nuevo. Sería una más del montón de denuncias que hay en las librerías, en las hemerotecas y en las filmotecas. A propósito, homenajeemos aquí y ahora a Pepe Sancho, recientemente fallecido, por su participación en la serie “Crematorio”, que se ocupa precisamente de estas cosas.

Valcárcel analiza el sector desde un punto de vista inédito. Desentraña los secretos de la promoción urbanística desde su interior, y adentra al lector en lugares en los que nunca se ha estado. Esos lugares se cuentan por decenas, pero recordemos, de pasada, los procesos de ejecución de un proyecto, las licitaciones de obras, la burocracia previa al comienzo, las relaciones promotores-contratistas-subcontratistas, la seguridad en las obras, las funciones del encargado y del jefe de obra y del director de obra, las pillerías de los ejecutores…, todo ello condimentado con un recorrido por la evolución legislativa en materia de suelo y en materia de fiscalidad, que ofrece jugosos momentos como cuando la desgravación por segunda residencia alcanzaba el 17 por ciento de la base imposible del IRPF.

“La ola…”, mil y una fotografías imaginarias
Quienes hayan vivido el sector desde sus entrañas posiblemente encontrarán en “La Ola…”  una y mil fotografías imaginarias que le harán recordar el intrincado mundo en el que se han desenvuelto. Quienes no lo hayan vivido, tienen con su lectura la posibilidad de introducirse en un espacio donde las pillerías, las golferías, las fidelidades e infedilidades, la destreza y el temor abundan por doquier.

No se detiene, como digo, “La Ola…”  en enjuiciar cada uno de los desmanes urbanístico-inmobiliarios que nos asolan. De hecho, nuestro paradigma, El Algarrobico, aparece en la portada y en ningún sitio más. El paso del libro por Almería se limita a recordarnos los innumerables chollos que en nuestra costa podemos hallar y en revivir aquel momento que se frustró: “En Andalucía –cuenta en la página 289-, agotadas las costas del Sol y de la Luz, se trató de explotar Almería  utilizando como trampolín los Juegos del Mediterráneo celebrados allí en 2005. Volvieron a dispararse los precios y volvieron a paralizarse las obras, provocando caídas posteriores de un 50 %. Recuerdo perfectamente los consejos de los enteradillos en 2005: las dos zonas con opciones de inversión en España eran Almería y Ciudad Real. Lo recuerdo porque lo aconsejaba yo mismo”. Emilio Ruiz.