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viernes, 22 de marzo de 2013

De Benedicto XVI a Pablo Carrasco


Sobre las razones por las que ha presentado su dimisión el papa Benedicto XVI se han escrito ríos de tinta. Las verdaderas causas posiblemente nunca se sabrán. Vive demasiado a gusto Joseph Ratzinger en su retiro espiritual de Castel Gandolfo como para querer complicarse la vida con confesiones que pongan en apuros a algunos de los que eran sus subordinados cardenales. Será, pues, un secreto del que nunca se tendrá pleno conocimiento, al menos en esta vida. Me ha parecido verosímil la justificación que de la dimisión ha hecho un enviado especial al Vaticano de una radio española, no recuerdo cuál. Viene a decir este periodista que Ratzinger ocupaba la mayor parte del día, de todos los días, en rezar y escribir. “Santidad”, dice que le dijeron los cardenales, “para eso debía haberse metido a monje, no a papa”.

Pablo Carrasco era director de una empresa, la Agencia Pública Empresarial de Radio y Televisión de Andalucía (RTVA), que es de las mayores de Andalucía. Una empresa que tiene un presupuesto de 160 millones de euros y una plantilla de 1.600 trabajadores. Hay quien cree que para ser el más alto ejecutivo de una empresa como Canal Sur basta con ser un buen periodista. Y, ciertamente, se puede ser también un buen periodista, pero hay que ser, sobre todo, un buen gestor.

Un director general de una empresa como la RTVA tiene una determinada cotización en el mercado laboral, y es un error hacer esa valoración por criterios políticos. Establecer paralelismos de limitación salarial entre un ejecutivo empresarial y uno político queda bien para la galería, pero tiene en la práctica una dudosa efectividad. El salario del presidente del Gobierno puede parecer exagerado en un país que tiene seis millones de parados. Pero es conveniente recordar que, en el ámbito privado, ese sueldo es menos de la mitad de lo que cobra un responsable de recursos humanos, por ejemplo, de cualquier empresa del IBEX-35. Emilio Ruiz.