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viernes, 8 de marzo de 2013

A CatalunyaCaixa no hay quien la quiera


Por segunda vez en menos de un año, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), que es tanto como decir el Gobierno, ha visto frustrado su deseo de encontrar un pretendiente para hacerse cargo de uno de sus bancos nacionalizados, Catalunya Banc. BBVA, Sabadell, Popular y Santander fueron las únicas entidades que mostraron cierto interés por analizar su cuaderno de venta. De las cuatro, tan solo Santander se ha quedado para el sprint final. Pero al banco presidido por Emilio Botín no le han cuadrado los números. El Frob pretendía recuperar al menos 1.000 millones de euros de los 9.000 que ha puesto en la entidad. La oferta del Santander estaba muy lejos esa pretensión.

¿Qué ha visto en Catalunya Caixa el Banco Santander para desestimar  la posibilidad de hacerse con un banco que tiene 60.000 millones de activos y una fuerte implantación en Cataluña, precisamente el territorio donde el Grupo Santander se encuentra falto de músculo? La lista de puntos oscuros, o poco claros, es interminable. Éstos son los más importantes:

El primero es que en esta ocasión el Frob ha visto conveniente dejar a la entidad catalana sin un esquema de protección de activos (EPA), es decir, una garantía contra pérdidas futuras, como sí hizo en las anteriores privatizaciones. En el caso de la CAM el EPA del Frob fue de 16.000 millones de euros. El Frob considera que, en esta ocasión, esa protección es innecesaria por haberse traspasado ya al Sareb –el banco malo- activos por importe de 6.708 millones de euros. En Santander consideran que Catalunya Banc aún tiene 3.000 millones de euros de exposición inmobiliaria que pueden reventar en cualquier momento.

El segundo es la débil cartera de pymes. Se cree que esta cartera tiene un alto porcentaje de créditos de dudoso que no han sido provisionados adecuadamente.

El tercero hace referencia a la reestructuración de personal y oficinas. Los bancos pretendientes en la compra de Catalunya Banc siempre han considerado que la entidad debe traspasarse con la reestructuración realizada. No iba a ser así, y esto supone otros 500 millones de euros.

El cuarto es la pobre calidad del activo hipotecario. Un alto porcentaje de hipotecas tienen una rentabilidad negativa aún en el caso de no tener incidencias de cobro, debido a que son hipotecas que fueron concedidas en su día a plazos muy largos y diferenciales sobre euríbor muy cortos.

Todas estas debilidades el Frob pretendía cubrirlas con un crédito fiscal de 1.600 millones de euros. Los bancos pretendientes en la compra consideraban que este capítulo nunca debe ser inferior a los 5.000 millones.

La cuestión es delicada. No contaban ni el Gobierno ni el Frob ni Bruselas con tener que tragarse una entidad que siempre han considerado la “joya de la corona” de las entidades nacionalizadas. Pero, ¿qué futuro se le presenta por delante a Catalunya Caixa una vez que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) no ha encontrado a nadie que le quiera?

Todas las quinielas están abiertas. El Frob estaba tan convencido de la generosidad de su oferta que entre sus previsiones no figuraba la posibilidad de que la subasta se quedara desierta. Por eso tampoco tenía elaborado un plan B. Ahora, toca a prisa y corriendo hacer un plan estratégico de futuro que tiene en el horizonte diversas opciones, como:

a)      Mantener en solitario la entidad hasta ponerla más a punto. Bruselas ha dado de plazo hasta 2015 para hacer las reformas exigidas y realizar finalmente la enajenación. Si ésta fuera la decisión adoptada, se procedería de inmediato a la sustitución de todo el equipo directivo del banco.

b)      Crear un holding bancario público que estaría integrado por Catalunya Caixa, Bankia, Novagalicia y, posiblemente también, Banco Mare Nostrum. A Goirigolzarri, esta idea le espanta, aunque la aceptaría a regañadientes. El Banco Financiero y de Ahorros (BFA) actuaría como sociedad matriz.

c)      Intentar negociar con Santander una venta a medida atendiendo a algunas de las exigencias del banco cántabro. El Santander no comprende la obstinación del Frob por endurecer su propuesta respecto a otras privatizaciones anteriores como las de banco de Valencia o Caja Mediterráneo.

d)     Por último, en el horizonte también queda una posibilidad que nunca es descartada: la disolución ordenada de la entidad. Es la más traumática. Emilio Ruiz.