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domingo, 3 de febrero de 2013

Papeles apócrifos y auditorías internas


En esta endiablada situación que estamos viviendo con el “Caso Bárcenas”, en la que cobran especial protagonismo nuestros dirigentes políticos, se intenta establecer con el ciudadano de a pie cierta labor de interacción con el ánimo de conducirle al convencimiento de que la razón está de una parte y no de otra. Esa labor de convicción es necesaria realizarla y para los políticos se convierte en obligación. Pero, analizando los mensajes desde el punto de vista del receptor –que es usted, soy yo y somos la mayoría de los ciudadanos-, con frecuencia tenemos la sensación de que muchos, muchísimos, de nuestros políticos nos toman a nosotros, sus electores, como seres inmaduros con una formación básica más que deficiente, rayando la subnormalidad. Voy a exponer algunos casos de esto que denuncio.

1.- Por empezar por el último, cuando redacto estas líneas está acabando la rueda de prensa de Alfredo Pérez Rubalcaba, en la que ha pedido la dimisión del presidente del Gobierno. El secretario general del PSOE ha argumentado buena parte de su discurso, en el turno de preguntas, en las manifestaciones que, según él, ha hecho María Dolores de Cospedal de que fue ella la que puso fin a esta práctica de sobresueldo. Sobre esas supuestas palabras de Cospedal Rubalcaba ha elaborado un enorme castillo de conclusiones. Pero hay un problema: De Cospedal nunca se ha manifestado de esa forma. Lo sabe Rubalcaba. Es comprensible incluso para un parvulito: manifestarse de esa forma supone reconocer la práctica presuntamente ilegal, y esa práctica ella nunca la ha reconocido. Las declaraciones de Cospedal siempre han circulado por dos vías: una, no le constan los sobresueldos, y otra, los documentos son falsos.

2.- Dijo Mariano Rajoy que los documentos que publica El País son apócrifos. Hay que ser muy retorcido con el diccionario para encontrar en el caso un acomodo a la palabra apócrifos. Dicho de la manera que lo dijo, el presidente del Gobierno transmitió la sensación de que esos manuscritos no corresponden al autor que parece que es. Si pretendía convencernos de eso, tomó a sus interlocutores por inmaduros, pues ni siquiera el propio Bárcenas ha desmentido que esos documentos están escritos de su puño y letra. Serían apócrifos si los hubieran escrito los periodistas de El País. Tampoco, parece, los documentos son falsos, como tantas veces repitió Rajoy. Seguramente el presidente querría decir que es el falso el contenido de los documentos.

3.- Por favor, que ningún político nos diga más que va a exponer su declaración de la renta en tal o cual portal. Eso solamente deben hacerlo quienes están acusados de no presentar declaración de la renta estando obligado a hacerla. Esto que se está tratando aquí no tiene nada que ver con la declaración de la renta. Lo mismo se podría decir del depósito de las cuentas de un partido en el Tribunal de Cuentas. Obviamente, no se va a depositar en el Tribunal de Cuentas la contabilidad “b” de un partido. Del mismo modo que ningún comerciante declara a Hacienda lo que vende en “b” ni ninguna empresa deposita en el Registro Mercantil su contabilidad en “b” si la lleva. Son principios tan elementales que quien recurre a ellos como conclusión da a entender que no conoce ni eso, ni los principios elementales.

4.- Por último y también por favor, que nadie ofenda más nuestra inteligencia ofreciéndonos una auditoría interna. Ni interna ni externa. Los auditores auditan la contabilidad que se les ofrece, y nadie ofrece lo que no debe ofrecer. Y, por cierto, también es ofensivo convencernos de que en una semana se ha despachado una auditoría contable de varios años de un partido de ámbito nacional. El auditor de cuentas más inexperto sabe que cualquier auditoría de cualquier empresa de un solo ejercicio contable necesita, para ser completa, mucho más que una semana. Si Carmen Navarro asegura que ha auditado la contabilidad del PP de varios años en cinco días, entonces habrá que darle la razón a aquellos sevillanos del chiste que aseguraban que su catedral la construyeron en cuarenta y ocho horas. Emilio Ruiz.