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sábado, 16 de febrero de 2013

Las comisiones de los bancos


La banca española –toda en general: bancos, cajas y cooperativas de crédito- pasa por grandes dificultades económicas. Ni siquiera las entidades que alardean de figurar en los primeros lugares de cualquier ránking de solvencia están para dar saltos de alegría. Su principal fuente de ingresos siempre ha sido prestar dinero a un interés más elevado del que ellos abonan a los depositantes. El diferencial es el beneficio. Desde hace unos años, el dinero que prestan es mínimo. Por una razón: porque no tienen. El poco que tienen lo dedican, primero, a refinanciar préstamos anteriormente concedidos, y después, a cubrir los impagados, que aumentan a velocidad de vértigo. La tasa de morosidad se sitúa en el 11,38 % (Cajamar, el 12,7 %), y sigue y sigue. Eso son más de 190.000 millones de euros, casi el 20 % del PIB.

Estos días todas las entidades están enviando a sus clientes unas cartas para informarles de que, a partir de ahora, les van a cobrar hasta por respirar. No es extraño: de algún sitio tienen que sacar dinero. Si antes no se pagaba por nada, ahora hay que pagar por todo: por tener una cuenta, por extender un cheque, por hacer un ingreso, por pedir un certificado de titularidad, por domiciliar un recibo… Qué cosas: antes, por domiciliar un recibo, eran ellos los que pagaban. Reconozcamos una cosa: antes, con el gratis total, algunas personas abusaban. Programaban una rutinaria visita a su banco/caja con el mismo ritual que a la misa de las ocho. “Un día saco veinte euros de una cartilla y al día siguiente los meto en la otra, y así, pues nos entretenemos y pasamos el rato”. Para pasatiempos, al parque.

Pero una cosa es abusar de los servicios que gratuitamente nos prestan y otra pagar hasta por tener dinero. Aceptemos que no nos paguen interés alguno por tener el dinero en una cartilla. Pero que nos cobren precisamente por eso, por tener el dinero en una cartilla, parece excesivo. Creo. Emilio Ruiz.