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domingo, 20 de enero de 2013

Los “hombres de negro” aterrizan en Galasa


Hasta principios de 1989 el abastecimiento de agua en los municipios del Levante almeriense era un caos. Cada pueblo se administraba como podía. Los cortes de suministro eran frecuentes. No existía ninguna solidaridad entre municipios y, mientras unos no tenían problema alguno, otros padecían la sequía. La creación de una empresa que  organizara del abastecimiento en toda la comarca fue una de las medidas más importantes tomadas en las últimas décadas. No faltaron zancadillas, pero el proyecto, finalmente, salió adelante. Tampoco faltaron quienes se dejaron la piel por conseguir lo que finalmente se consiguió: dotar a la comarca de un servicio seguro, permanente y con garantías de continuidad. Sería justo recordar a personas como Tomás Azorín o Gonzalo Suárez, y también a Mariano Viúdez, Miguel Fernández o Juan Ignacio Moya.

Quienes somos usuarios de Galasa (Gestión de Aguas del Levante Almeriense) y antes padecimos la anterior situación no podemos por menos que deshacernos en elogios hacia el funcionamiento de esta sociedad. El servicio que nos presta es impecable. En todos los sentidos: en la escasez de incidencias en el suministro, en la calidad del mismo, en la atención al usuario, en la respuesta a los problemas... Sí, ya sé que no es frecuente hablar así de una empresa pública, pero sería injusto si hablara de otra forma. Y conste que no hablo de oído.

Desconozco, lógicamente, la organización interna y las cuentas de Galasa. Se dice que cada año suma a sus resultados 2 ó 3 millones de euros en pérdidas. Ante ello, el Consejo de Administración ha decidido enviar a “los hombres de negro”, que han acordado recortar salarios. También desconozco los sueldos de sus trabajadores y si hay o no excedente de plantilla. Sí estoy seguro de algo: si todos los ayuntamientos beneficiarios del servicio fueran leales con la sociedad, Galasa no tendría ningún problema. Económico, tampoco. Emilio Ruiz.