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domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Gallardos se reencuentra con sus historias cotidianas


Primera historia, con Chumi en acción (Foto: Ana Belén Collado)
La afición por el teatro de la gente de Los Gallardos es tan antigua como la propia existencia del pueblo. Desde hace tres décadas las representaciones teatrales de verano están regladas dentro de una Semana de Teatro que goza de un amplio prestigio provincial y que va ya por su trigésima segunda edición. En ese certamen -que tuve el honor de crear, aunque algunos oportunistas se lo hayan apuntado en su currículum-, grupos locales de todas las edades se organizan para ofrecer en agosto a los vecinos habituales del pueblo y a quienes retornan de vacaciones siete días de encuentro con la representación.

Desde hace un par de años la activa Asociación de Mujeres Cimbra, que preside Antonia Dami Ramírez Crespo, también ha querido ocupar su espacio teatral, transportado a la Navidad y como preámbulo de las fiestas que culminarán el 6 de enero con la representación del Auto de los Reyes Magos.

Este año, Cimbra ha querido aprovechar el agrado con el que el público acogió su representación del año pasado para ofrecer historias de la vida cotidiana de Los Gallardos, presentadas bajo el común epígrafe de Historias de la Plaza de Andalucía, de autoría colectiva. “Si pudiera hablar nuestra Plaza de Andalucía –se pregunta la organización-, ¿cuántas historias tendría para contar?”. Son muchísimas, infinitas, tres de las cuales nos ofrecieron en la noche del sábado.

Los noviazgos por internet tienen eso: que, después, las
cosas no son como nos los habíamos contado (Foto: Ana Belén Collado)
En la primera de ellas, un Peporro pasotilla (Diego Torres Segura) anda incordiando a todo bicho viviente que se acerca por la Plaza. Con la complicidad de Chumi (Ana Isa Caparrós Haro), se embarca en un diálogo disparatado que solivianta los ánimos de los pacíficos vecinos que aparecen por allí a tomar el fresco. En Faustina (Antonia Mari Martínez Ramírez) encuentran a una señora mayor del pueblo a la que le va la marcha más que a los propios jóvenes. La hija de ésta, Leoncia (Remedios Llorente Caparrós), deambula fuera de sí ofreciendo al espectador el tono de gracia propio del momento, mientras Cosme (Ramón Carrión Torres) es el hombre cabal que en ningún sitio puede faltar. Rapidez en los diálogos, golpes de efecto y supuestas improvisaciones con dichos locales adentran al espectador en un ambiente que no le es desconocido.

La sala de espera de la consulta médica propicia un ambiente
demasiadas veces explosivo (Foto: Ana Belén Collado)
La segunda historia, también desarrollada en los bancos de la Plaza, es el encuentro de una pareja de novios digitales que no tienen más referencia de sí que la ofrecida a través de Internet. Como es normal, a través de sus respectivos whasapps se han presentado mutuamente como dos jóvenes apolíneos, algo muy distante de la realidad. Picio (Juan Ángel Ruiz Crespo) es un cateto del pueblo con pocas luces y mucha desconfianza y Leandra (Antonia Dami Ramírez Crespo) es una joven poco agraciada que no está para desechar las oportunidades que se le presenten. Tras el encuentro inicial de repulsa, los jóvenes llegan a la conclusión de que no está el mundo para muchos desprecios ("Yo he hecho las cuentas -dice Leandra- y, eliminando a los que hay que eliminar, tocamos a siete mujeres y media por cada hombre"). Así que, ya que internet los ha unido, pues que queden unidos para siempre. En medio de los diálogos de la pareja se introduce una chismosilla del pueblo, Olvido (Eva García Muñoz), que suspira por conocer historias de novios, y un buen hombre del pueblo, Marcial (Francisco Reyes Martín), que alucina ante semejantes paisanos. Diálogos ocurrentes y aspavientos alocados conforman un ambiente que puede hallar similitud en casos concretos de algún que otro vecino.

La tercera de las historias tiene que ver con el recientemente reconstruido consultorio médico. Mientras duran las obras, la Plaza de Andalucía es habilitada como sala de espera de los pacientes. Pareciera como si el diálogo establecido entre éstos fuera la fiel reproducción de un día cualquiera de consulta. A la cita con el médico no faltan, como no faltan ningún día, ni la beata Dolores (Francisca Galera Flores), piadosa pero con dotes de mando, ni la señora octogenaria con más kilómetros que el Alsina, Lisarda (Isabel Campoy Molina). Tereso (Antonio García Piñero), consuegro de ésta, es el típico hombre de pueblo al que la modernidad no le hace prescindir de sus costumbres pueblerinas, mientras que Cayetano (Miguel A. Rodríguez Reyes) es el típico joven que ha pasado del medio rural al pijerío sin hacer escala intermedia. A la enfermera (Ángela Ramírez Molina) le ha sentado tan mal la incautación de su paga extra de Navidad que lo que le han quitado en dinero se lo ha querido ahorrar en palabras. Magnífico el sonido de Cristina Gómez Rodríguez y aplausos para la apuntadora, Pilar Rodríguez Díaz.

La Asociación de Mujeres Cimbra pudo comprobar que su poder de convocatoria sigue creciendo. Al precio de tres eurillos la localidad, las 470 sillas volaron en un remolino. Hasta el año que viene. Por Navidad. Emilio Ruiz.