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sábado, 6 de octubre de 2012

Pueblo Laguna

Vayamos por partes: 1º) Por erróneas que hayan sido las actuaciones urbanísticas llevadas a cabo en la costa de Vera, ninguna persona que esté en su sano juicio puede pedir la demolición de las cuatro, seis o diez mil viviendas situadas en lugares real o potencialmente peligrosos. 2º) Desechemos la idea de exigir responsabilidades penales o civiles a quienes han propiciado esta situación. Es lo único que nos faltaba. Con El Algarrobico llevamos seis años de pleitos, y ahí sigue, en pie. Judicializar el desarrollo urbanístico de la playa de Vera, con decisiones que en algunos casos se remontan al franquismo (el proyecto de Puerto Rey data de 1964 y el Plan Playa Puerto Rey fue aprobado en 1973) sólo se le puede ocurrir a quien carece de sentido común. 3º) Por más que queramos, no podemos ni debemos evitar que los ríos y ramblas canalicen las aguas de lluvia que la tierra no absorbe. Y 4º) Las precipitaciones no se pueden “modular”, por usar una expresión de moda. La lluvia es caprichosa y anárquica: llueve cuando quiere, como quiere y donde quiere. Unas veces gusta y otras no. Unas veces cae agua bendita y otras agua maldita.

¿Entonces, no se puede hacer nada por evitar situaciones como ésta? Sí, y mucho. 1º) Hay que revisar el planeamiento urbanístico de la costa de Vera. La actual ordenación es básicamente la misma que se reguló en las Normas Subsidiarias de 1982, que recogía lo establecido en el Plan Provincial de Ordenación de la Oferta Turística de la Provincia de Almería, de 1977. Está claro que parte de aquel planeamiento fue un disparate. 2º) Hay que encauzar los ríos y ramblas que ocasionan estas desgracias, principalmente el río Antas. Y 3º) La limpieza de los cauces debe ser una tarea permanente de los titulares de los mismos. Suena a gracieta lo que acaba de decir un alto cargo político: que en los dos últimos años entre todas las administraciones públicas se han gastado ¡tres millones de euros! en limpiar todos los ríos y todas las ramblas de Andalucía. Mejor, que se hubiera quedado callado. Emilio Ruiz.