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sábado, 13 de octubre de 2012

Los chismes de Bono

José Bono ha subido casi todos los peldaños del poder político: presidente de Castilla-La Mancha, ministro de Defensa, Presidente del Congreso… Le falta ser presidente del Gobierno, pero todo se andará. El 8 de abril de 1992, Bono, guerrista confeso hasta entonces, según él, acudió a Ferraz a romper lazos con su jefe político. “He venido para saber”, le dijo a quien también era vicepresidente del Gobierno, “si es posible ser amigo tuyo aunque no coincidamos en todo”. Y Guerra, muy en plan Guerra, le contestó: “No te puedo impedir que me tengas afecto”. Aquel incidente escandalizó a Bono. Tanto, que no quedó bicho viviente en el hemisferio socialista al que no se lo contara, tal vez con el propósito de ponerse en valor él mismo. Ahí es nada, enfrentarse al todopoderoso... Ramón Rubial le dijo que aquello tenía que escribirlo. Y eso hizo. Fue la primera página de un diario que ahora ha visto la luz (Les voy a contar, Planeta, 2012).

Bono se embolsará por esta aventura editorial nada menos que 800.000 euros. El primero de los tres volúmenes, que es el que ahora ha salido, es un compendio abusivo del mucho aprecio que Bono tiene a sí mismo. Entre la obsesión por desacreditar a Guerra y el empeño por santificar a González, las casi 650 páginas del libro emplean su espacio en chismorrear sobre obispos ociosos y periodistas corruptos, y poco más. Esperemos que lo que venga después tenga algo más de enjundia.

Dice Bono que el 2 de noviembre de 1992 Guerra estaba cabreado por el Plan Hidrológico Nacional y el escaso control que en España se ponía al consumo de agua, “y pone como ejemplo el caso de la ciudad de Almería, donde no existen contadores de agua en las viviendas”. ¡Pues como todo lo que cuenta el libro sea tan verdad como esto...! Emilio Ruiz.