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sábado, 14 de julio de 2012

Fátima Báñez, como una moto

Fátima Báñez, la ministra de Empleo, debe sosegarse un poco. En apenas seis meses ha pasado de ser una anónima diputada de provincias, sin relevancia alguna, a emprender una alocada carrera que ni ella sabe a dónde la conduce. Va como una moto. Primero, se empeñó en hacerle la campaña a Arenas. El pueblo, cabreado por la reforma laboral, y a ella no se le ocurre otra cosa que convertirse en la imagen gubernamental del PP Y encima, con Montoro, el del IRPF. ¿Para esto estaba Arriola? La noche electoral, tras abrirse las urnas, no tiene mejor idea que ponerse a dar saltos de alegría. Desconocía que, para gobernar, si no juntas más diputados que el adversario, lo normal es que no gobiernes.

Pero es que, unas semanas antes, mientras a España entera se le helaba el corazón por una posible intervención, ella se entretenía en mandar a la nube tuits de jueguecitos  digitales. Y eso, por no hacer referencia al intrincado proceso en el que metió a la dichosa reforma laboral. La saca como decreto-ley para, a renglón seguido, enviarla al Congreso como proyecto de ley. Pero, al mismo tiempo, hace la advertencia de que en trámite parlamentario no va a admitir cambio alguno, como así ha sido. Unas semanas después fue cuando nos reveló los frutos de la  emocionante visita que hizo a la Virgen del Rocío, de quien arrancó el compromiso de curar todos nuestros males. Y Bruselas y los mercados y la prima de riesgo, ni enterarse.

Ahora nos viene con esto del “ere” del PSOE. A los socialistas les dices “eres” y se ponen de los nervios. Motivos tienen. Les faltaba ver cómo Báñez rescata de su ministerio documentos confidenciales para darle el mismo tratamiento que a un pasquín electoral. La señora es así. Si yo fuera Rajoy, a Báñez la bajaba de la Bultaco. Emilio Ruiz.