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sábado, 16 de junio de 2012

Con Ségolène

La vida nos coloca a veces en situaciones en las que no podemos permanecer impasibles, en las que tenemos que tomar partido, en las que, entre dos o más opciones, tenemos que elegir. No me refiero, como pudiera pensar el lector, a si considero que “lo de ayer” fue un préstamo o un rescate, que eso está claro, sino a la disputa abierta en Francia entre la actual compañera del presidente Hollande, Valérie Trierweiler, y la anterior, Ségolène Royal.  Mi apoyo, adelanto, es para Ségolène.

Pongo al lector en antecedentes por si no sabe de qué va. Resulta que Ségolène Royal es una histórica del PS francés, como Hollande. Ambos han sido pareja durante tres décadas y comparten cuatro hijos. Royal aspira, en las legislativas de hoy, a un acta de diputada, preámbulo de la presidencia de la Asamblea Nacional, que su partido le ha ofrecido. Se presenta por La Rochelle. Pero aquí le ha salido un oponente inesperado: Olivier Falorni, un tránsfuga socialista. Los dos han pasado a la segunda vuelta. Ella, con el 32% de los votos, y él, con el 29%. El PS ha pedido a Falorni que se retire. Dice que no.

Y en éstas es donde entra en escena la actual compañera del presidente, Valérie Trierweiler.  En vez de mantenerse al margen, se dedica a enviarle tuits de ánimo a Falorni. Éste no ha tardado en difundirlos, añadiendo que cuenta con el apoyo del Elíseo. Hollande está de los nervios. Los socialistas, aturdidos. “Me siento herida, no soy un robot”, confiesa, amargada, Royal, que ve cómo se desvanece su sueño de presidir la Asamblea. Los socialistas la consideran víctima de un ataque de celos de la nueva primera dama, a la que le imputan actitudes machistas. Tienen razón. Lo que sea se sabrá mañana, cuando se abran las urnas. Ya digo, si yo tuviera voto, con Ségolène hasta la muerte. Emilio Ruiz.