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jueves, 15 de marzo de 2012

In memoriam: Pepe Rubio

Emilio Ruiz

“El primer recuerdo de mi vida fue la belleza de mi pueblo, Lubrín, con su aspecto lorquiano. Recuerdo mis correrías a los cuatro años por los bancales de mis abuelos en un cortijo llamado “El Rincón del Marqués”.

Quien así se confesaba a Julián Cortés-Cavanillas, prestigioso periodista de ABC, en 1975, era Pepe Rubio, uno de los galanes más cotizados de la escena española. Ayer falleció en Madrid a los 81 años de edad. Hijo del matrimonio de lubrinenses formado por Juan Antonio Rubio Pérez y Paula Urrea Muñoz, José Rubio Ureña, que ése era su nombre de pila, fue uno más de los miles de almerienses que se vieron arrancados de las raíces de su tierra para huir del hambre y la miseria. Su padre era un minero sin mina en la que trabajar. En 1939 la familia se plantó en Barcelona, no sin antes el niño Pepe dejarse atrás una travesura vivida en las calles de Lubrín que nunca olvidaría: “Fui un niño tan travieso que, poco antes de irnos a Barcelona, otros niños me abrieron la cabeza en una pelea”.

La vena artística de Pepe Rubio floreció pronto. Al poco de llegar a Cataluña formó parte del  cuadro escénico de Hospitalet “Los Pastorcillos”. Seguidamente ingresó en el Instituto de Arte Dramático de Barcelona. Empezó a buscarse la vida como trabajador en una fábrica textil y posteriormente en otra de productos químicos, en donde se mantuvo hasta que se fue al servicio militar, a los 18 años. A la vuelta de cumplir con sus obligaciones para con la patria, inició una carrera como actor que resultaría meteórica.

El «sinvergüenza por excelencia de la escena española», que dice Ana María Vidal, una de sus mejores amigas, debutó como actor en 1953 interpretando uno de los papeles de El divino impaciente, de José María Pemán. Fue entonces cuando conoció a Paco Rabal, quien sería su padrino artístico. Rabal le presentó a José Tamayo, que le dio un papel en la obra Edipo, en la Compañía Lope de Vega. Ese mismo año comenzó su carrera como actor profesional con la obra Seis personajes en busca de autor. En 1958 dio el salto al Teatro Español de Madrid.

Entre las piezas más sobresalientes que Pepe Rubio representó figuran, además de Seis personajes en busca de autor, El diario de Ana Frank, La muerte de un viajante, La caída de Orfeo, Los intereses creados, Don Juan Tenorio y El alcalde de Zalamea. Pero su mayor éxito fue, sin duda, la pieza Enseñar a un sinvergüenza, de Alfonso Paso, con más de 12.000 representaciones en 15 años desde 1969, lo que le convertiría en uno de los galanes solteros más preciados de la escena española.

Aunque la carrera de Pepe Rubio fue fundamentalmente en el teatro también hizo cine, con títulos como La casa de Troya, (1959), Siempre es domingo (1961), El señor de La Salle, Escala en Hi-Fi (1963), Los guardiamarinas (1966), Enseñar a un sinvergüenza (1969), La casa de los Martínez (1971) o Blanca por fuera, rosa por dentro (1972).