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domingo, 25 de marzo de 2012

Andalucía, fiel a la izquierda, indulta a la derecha treinta años después

Intenso relato histórico el de esta Andalucía nuestra. 1977: multitudinaria manifestación por la autonomía plena a través del artículo 151 de la Constitución. 1978: Plácido Fernández-Viagas es elegido presidente de la Junta Preautonómica. 1979: Once partidos políticos, incluido el que gobernaba España, UCD, suscriben el Pacto de Antequera, por el que se comprometen a conseguir “la autonomía más eficaz en el marco de la Constitución”, la que se obtiene por la vía del artículo 151. 1980: Con una alta participación del 63,88 por ciento, el 54 por ciento del censo apoya el referéndum de autonomía. Pero Almería, maldita sea, se descuelga y no consigue la mayoría absoluta.

Es en este momento de la historia de Andalucía cuando el nacionalismo andaluz y el centro-derecha español empiezan su travesía del desierto en nuestra tierra. El primero, en sus distintas versiones nominativas –la más persistente, Partido Andalucista (PA)-, aún sigue en la marginación. El otro, también en sus variadas versiones –UCD, AP, PP-, ayer por fin consiguió el indulto de los andaluces.

¿Y por qué este castigo tan severo? Los andaluces siempre han entendido como una agresión a su dignidad la escena de sofá protagonizada por Alejandro Rojas Marcos (PSA) y Rodolfo Martín Villa (UCD), ministro de Administración Territorial, a raíz de la situación creada por el bloqueo de Almería. A cambio de apoyar al Gobierno de Suárez en la moción de censura a la que tenía que enfrentarse, UCD y PSA pactaron el acceso de Andalucía a la autonomía plena a través del artículo 144 de la Constitución. El pacto se consideró una declaración de guerra a nuestro orgullo y les creo una imagen de opositores a la autonomía plena. Ocho meses después de aquel 28 de febrero de 1980, UCD tuvo que claudicar y aceptar una modificación de la Ley del Referéndum “por razones de interés nacional” que incorporaba a Almería al proceso autonómico en iguales condiciones que las demás comunidades históricas.

Elección tras elecciones, por esta “traición”, los andaluces le han pasado factura tanto al nacionalismo heredero del PSA como al centro-derecha heredero de la UCD y la AP, hoy encarnado en el Partido Popular. La primera, en 1982. UCD obtiene sólo obtuvo 15 diputados y 17 AP. El PCA conseguiría ocho escaños y tan solo tres los andalucistas, mientras que los socialistas se verían premiados con nada menos que 66 escaños en el Parlamento de Andalucía.

Ayer, 25 de marzo, el pueblo andaluz concedió a la derecha española un indulto parcial. Le ha regalado el más preciado de sus bienes: una buena porción de votos para que administre su voluntad. Es el mayor regalo que puede recibir un partido político. Pero es un regalo que, a veces, se torna amargo cuando la suma de las porciones de los demás supera a la del ganador. Es lo que ha pasado. Emilio Ruiz.