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sábado, 27 de agosto de 2011

Sobre Farmacia, Receta XXI y el artículo de Emilio Ruiz


Javier Vargas López
Farmacéutico de Alboloduy

Nota de Emilio Ruiz: El farmcacéutico de Alboloduy, Javier Vargas, publica en La Opinión de Almería un interesante artículo en respuesta al mío titulado "Principios activos y Receta XXI", que, por lo que supone de aportación al debate, reproduzco a continuación con la autorización del medio en el que se publica:

En los últimos diez años la farmacia española ha evolucionado de forma considerable. A mí me gusta denominar este proceso como  “el paso de botica a farmacia”. Como en todo proceso evolutivo, la transformación conlleva la pérdida y ganancia de algunas cosas, pero, en términos generales, el proceso debe de ser positivo, pues la mejora debe de ser el fin último de cualquier transformación.

En términos puristas el cambio se denomina Atención Farmacéutica y se trata en último término de la implicación del farmacéutico en el tratamiento farmacológico del paciente. Está basado en los tres pilares básicos que sustenta el sistema: dispensación activa, indicación farmacéutica y seguimiento del tratamiento farmacológico.

Para que todos lo entendamos, los dos primeros son lo que hasta ahora se ha hecho siempre en las farmacias de una forma activa, pero no protocolizada (perdón por el uso de un término del que tal vez abusamos). El tercer pilar de seguimiento farmacoterapéutico es el novedoso, pues supone una implicación del farmacéutico que requiere acceso al historial (exclusivamente farmacológico) del paciente.

Esto, naturalmente tiene un apoyo legal basado en la Ley 29/2006 de Garantías y Uso racional, que entre otras cosas dice en su artículo 84: ”los farmacéuticos, como responsables de la dispensación de medicamentos a los ciudadanos, velarán por el cumplimiento de las pautas establecidas por el médico responsable del paciente en la prescripción, y cooperarán con él en el seguimiento del tratamiento a través de los procedimientos de atención farmacéutica, contribuyendo a asegurar su eficacia y seguridad…”.

La implantación del sistema de Receta XXI ha venido a ayudar sustancialmente al desarrollo de esta fase de la Atención Farmacéutica, debido a la accesibilidad a la historia farmacológica del paciente, sea cual sea la farmacia dispensadora. Me duele por tanto que personas tan bien informadas e influyentes como el señor Emilio Ruiz en su artículo “Principios activos y Receta XXI” exponga : “son muchos los enfermos que abandonan el tratamiento antes de tiempo o bien no toman las medicinas con las pautas que el médico le ha indicado. En estos casos, al estar acogidos al sistema de receta XXI, la cantidad de medicamentos consumidos es inferior a los disponibles en farmacia. No son pocos, y si así lo decimos es porque tenemos pruebas fehacientes de ello, los farmacéuticos que presionan a sus clientes habituales para que retiren medicinas que no necesitan pero de las que pueden disponer por estar acogidos a la receta XXI”.

No seré yo el que defienda las prácticas inmorales de algunos farmacéuticos que, como en todas las profesiones, haberlos haylos, pero no se puede confundir a la opinión pública con este comentario, puesto que en estos casos el farmacéutico lo que hace es intentar que el paciente cumpla con el tratamiento instaurado por un médico para una determinada patología. Este es su deber ético y su obligación legal, puesto que son muchas las veces en las que el paciente, ante una mejoría de sus síntomas o por simple dejadez, abandona el tratamiento antes de que éste cumpla los objetivos por los que ha sido prescrito.

En estos tiempos en que está cobrando un triste protagonismo por los problemas de pago en Castilla-La Mancha, debemos recordar que en el entramado sanitario español la farmacia española está reconocida como uno de los mejores sistemas a nivel mundial debido sobre todo a su capilaridad social que la hace accesible a toda la población, incluidos núcleos de población aislados en los que el farmacéutico, único representante sanitario durante la mayor parte del tiempo, cumple una función impagable y poco reconocida.

El 95% de la población española tiene un profesional, licenciado o doctorado en la Universidad a cinco minutos de su casa con disposición de atenderle y no siempre con contraprestación económica. Todos sabemos a quién me refiero.