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domingo, 28 de agosto de 2011

La guerra ha terminado

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

Me va a permitir el lector que hoy, con media provincia lanzando cohetes por sus fiestas patronales y la otra media agobiada por la calor, hoy, digo, hable de fútbol. Y, más concretamente, de la guerra televisiva del fútbol. Porque, ¡albricias!, según anuncian Prisa y Mediapro, la guerra ha terminado. De hecho, ya ayer pudimos ver los primeros partidos. Tras el armisticio, el asunto está claro: ha habido un vencedor, Cebrián, o sea, Prisa, y un vencido, Roures, o sea, Mediapro.

Estoy seguro de que, de entre los miles de analistas que tiene este país, no tardará en salir alguno que cuente en un libro los entresijos de esta encarnizada guerra. Porque ha sido intrigante. En ella han intervenido todos los personajes típicos de una novela negra: el gobierno de la nación, la oposición, los testaferros, un gobierno periférico, los tontos útiles, los cómplices, el vecino encantado, la amada despechada… Perdone el lector que hoy no identifique a todos y cada uno de estos personajes porque, y esto es un secreto que hago público, no descarto la idea de ser el autor de ese libro. Se admiten ofertas editoriales.

Para abrir boca, y hasta completar los 1.500 caracteres que me concede el director de este periódico, sí puedo decir que la semilla de la que floreció el conflicto fue proporcionada por Moncloa, no sin antes librar una dura batalla interna en la que participaron, por un lado, los prisistas (Rubalcaba, Chaves, Sevilla, y Felipe, aunque éste desde fuera de palacio), y por otro, los mediapristas (Zapatero, Chacón y cía, Sebastián, de la Vega). Por fuera, encismaba Pedro J., enemigo íntimo de Juanlu. Y desde la periferia se relamían de gusto los convergentes, ansiosos de ver en Cataluña la sede del nuevo imperio mediático. Y qué pena, que no me queda espacio para contar nada más.