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lunes, 1 de agosto de 2011

La fusión de Unicaja con Caja España-Duero, en peligro

Emilio Ruiz

Cada día que pasa, la fusión de Unicaja con Caja España-Duero encuentra nuevas dificultades para verse culminada. Si hace un par de semanas el documento definitivo estaba pendiente nada más que de la firma, en los últimos días se abre paso el horizonte de negocios separados. La semana pasada, la caja castellano-leonesa constituyó su propio banco, del mismo modo que hizo Unicaja un par de meses antes. La constitución de bancos es un paso necesario para cumplir con los requerimientos del Banco de España tanto se si continúa con la unión -en este caso se fusionarían los bancos- como si se continúa por separado.

¿Y qué está pasando para que lo que parecía un asunto hecho se encuentre ahora en el campo de la incertidumbre? Habría que remontarse al mes de marzo, cuando se establecieron los preacuerdos, para valorar la evolución de los acontecimientos. La fusión de Caja España-Duero con Unicaja se consideraba el matrimonio perfecto por varios factores. El primero, porque, juntas, se iban a constituir en la tercera mayor entidad del conjunto de cajas españolas, tan solo por detrás de Bankia y Caixabank. El segundo, por la compatibilidad de oficinas: España-Duero tiene 849 sucursales y Unicaja tiene 935, pero la primera tan solo tiene 27 oficinas en Andalucía y la segunda una en Castilla y León. Y el tercero, por la compatibilidad del personal: se considera que es suficiente con 250 prejubilaciones -serían los trabajadores mayores de 56 años- de una plantilla total de casi diez mil trabajadores aportados por ambas entidades a partes iguales.

Caja España-Duero es mayor que Unicaja por volumen de activos (46.000 millones de euros por 43.000). Pero en el reparto de la nueva entidad, la andaluza se quedaría con el 63% frente al 37%, con la presidencia -que sería para Braulio Medel- y con la sede social, que estaría en Málaga. Este desigual reparto de poder se debe a que la entidad de Castilla y León necesita 463 millones de euros para alcanzar el 10% de capital básico que le exige el Banco de España, porque Unicaja es la tercera entidad más saneada de España con una ratio de capital del 12,2% (incluso bajo los escenarios más adversos y los criterios de delimitación de capital más restrictivos, el capital puro de Unicaja en 2012 casi duplicaría el nivel recomendado por la Autoridad Bancaria Europea para estar al resguardo de cualquier contingencia), porque Unicaja no ha necesitado ni un solo euro del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) y porque Caja España-Duero, en cambio, ya ha tenido que recibir en octubre pasado 525 millones del Frob.

Desde marzo hasta hoy han pasado varios acontecimientos que pueden llevar al traste con la operación de unión. El principal, los pobres resultados que la caja castellano-leonesa ha obtenido en los test de estress. Éstos han venido a decir que si no se capitaliza -y a ver cómo- tiene que ponerse en manos del Frob, que sumaría los cerca de 500 millones de euros que necesita con los más de 500 que ya aportó antes. Al precio que han salido al mercado Bankia y Banca Cívica los 1.000 millones del Frob no constituirían otra cosa que la nacionalización de la caja, su toma de control y su posterior venta. A esta situación hay que añadir las trabas que los sindicatos, sobre todo los de Castilla y León, están poniendo para realizar la reestructuración del personal.

Con todos estos ingredientes, Braulio Medel y su equipo están haciendo un replanteamiento de su oferta inicial. No solo ponen en entredicho el reparto de poder establecido en el preacuerdo (ahora se considera más razonable un 80-20 ó un 75-25), sino que en modo alguno se van a aceptar las condiciones impuestas por los sindicatos castellano-leoneses. Medel ha manifestado por activa y por pasiva que no está dispuesto a asumir el plan social acordado en la fusión de Caja España con Caja Duero. Supondría un sobrecoste salarial de 40 millones de euros al año y pasar de cobrar las 14 pagas actuales a cobrar 24. Se seguiría respetando, eso sí, el nombramiento de Evaristo del Canto, presidente de Caja España-Duero, como vicepresidente ejecutivo y consejero delegado del nuevo banco, como también la sede de la corporación industrial, que sería Salamanca, y las sedes operativas de Salamanca y León, que se unirían a las de Málaga y Ronda.

El Banco de España ha puesto a las conversaciones fecha de caducidad: el mes de septiembre. Es casi seguro que agosto no va a ser mes de vacaciones para Braulio Medel y Evaristo del Canto. Pero el sol no calienta para ambos por igual.