_______________________________________________________________________________________________

sábado, 30 de julio de 2011

La herencia recibida


Emilio Ruiz

Echar pestes de la herencia recibida suele ser un recurso habitual de quienes acceden por primera vez a un cargo público. Algunos plantean el tema de forma tan trágica que entran ganas de decirles algo así como “pues si tú crees que te has metido en un infierno, siempre tienes la opción de irte por donde mismo has venido”. Es cierto que, esta vez, a diferencias de otras, algunas herencias van a condicionar la gestión de los próximos años. En los tiempos de gloria cualquier ayuntamiento llegaba a un banco, le planteaba una refinanciación a largo plazo de la deuda acumulada y el banco se pegaba tortas por la operación. Hoy, el alcalde que vaya a un banco a pedir algo lo normal es que salga de la oficina trasquilado. ¡Si ellos están para pedir más que para dar!

Pero esto es lo que hay, señores alcaldes, señoras alcaldesas. La época de las vacas gordas ha pasado. Las colas de los promotores en las oficinas de Urbanismo entregando proyectos inmobiliarios son una estampa del pasado. Hay que adaptarse a la nueva situación lo mismo que se tiene que adaptar el cabeza de familia que metía en su casa tres sueldos y ahora mete uno, o ninguno. Da envidia, sí, de ver lo que disfrutaron los antecesores en el cargo, pero es que la vida es así de injusta. Unos tanto y otros tan poco.

Y otra cosa: es trampa eso de ir por la mañana a llorarle en el hombro a Gabriel Amat y por la tarde celebrar junta de gobierno a 300 euros por barba. Es trampa liberar a todos los candidatos de la lista elegidos mientras no se pueden pagar las nóminas de los funcionarios. Es trampa tener a las empresas locales sin pagarles las facturas un año tras otro mientras abonamos con cheques bancarios los conjuntos de la feria. Y podría seguir, y seguir, y seguir.