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miércoles, 8 de junio de 2011

PSOE sin cabeza


Emilio Ruiz



Si Diego Asensio y sus veintiséis censores deseaban elegir la fecha más inadecuada para descabezar al Partido Socialista de Almería pueden cantar ¡bingo!, pues lo han conseguido. Precisamente en la semana en la que quince municipios de la provincia viven bajo la incertidumbre de saber quién va a ser su próximo alcalde, elección condicionada a lo que determinen las negociaciones de los partidos políticos con representación municipal, esa semana, digo, al partido más importante de España, o más importante de la oposición, según se mire, no se le ocurre otra cosa que dejar a una provincia huérfana de líderes que orienten a sus agrupaciones en dichas negociaciones.

El desconcierto se ha apoderado de los grupos municipales afectados por la cuestión. Es el mismo desconcierto que también reina entre los otros grupos municipales, que no encuentran en los socialistas interlocutores suficientemente cualificados. El tiempo aprieta tanto que al final las agrupaciones municipales, ante la ausencia de dirigentes, se han visto investidas de autonomía plena, por lo que la aparición de los pactos antinatura va a estar a el orden del día. Son quince los municipios pendientes de conversaciones, y a estas alturas, en aquellos pueblos donde la decisión de los socialistas resulta determinante, nadie sabe lo que va a pasar. Me lo contaba un alcalde en funciones –no del PP, por cierto- que tiene posibilidades de seguir siéndolo si los socialistas le bendicen con sus votos: “Ni siquiera sé si puedo llevarme las cosas personales de mi despacho, nadie me dice nada, con nadie pueblo hablar, no hay interlocutores, están desorientados”. Posiblemente, este alcalde tendrá que retirar sus documentos personales una vez que se sepa que la Casa Consistorial tiene nuevo mandamás. O no. Se sabrá el último día y a última hora, el sábado.

Cuestión aparte es el tema de los diputados provinciales. Dicen las mentes malévolas de esta provincia que, ante la escasez qde cargos públicos que se avecina de cargos públicos, y más si la Junta de Andalucía cambia de manos, el proceso de derribo de Asensio se ha acelerado para evitar que los ocho nominados para la diputación sean personas de su confianza. Si es así, hay que reconocer que la jugada les ha salido bien. Otros, que tenían el cargo prometido, vivirán momentos de desilusión. No hay que olvidar que los diputados provinciales son elegidos por los concejales de cada junta electoral de zona. Y entre ellos. Pero a indicación siempre de los nombres que propone cada partido. No respetar esos nombres es tanto como excluirse de la disciplina del partido. A día de hoy no hay en el PSOE de Almería órgano alguno con atribución para proponer estos nombres. Ciertamente, con los diputados provinciales no hay las mismas prisas que en la elección de alcaldes, pero la cuestión no se puede dejar más allá de un par de semanas.

Por todo esto, hubiera sido deseable que la gestora provincial estuviera ya nombrada. Pero parece que la burocracia está bastante arraigada no sólo en las estructuras de los gobiernos, sino también en las de los partidos. O al menos en el PSOE. Si al final una falta de reacción inmediata es para nombrar presidente de la misma a un afiliado de Huelva, pues, como diría Torrijos, qué quieren que les diga… ¡Ay, estos socialistas, cómo están…!