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domingo, 12 de junio de 2011

El PSOE de hoy y de mañana



Emilio Ruiz


Tras el recuento de votos del 22-M quince municipios de la provincia de Almería tenían sus alcaldías en el campo de la indecisión, al no obtener ninguna de las candidaturas presentadas número suficiente de concejales como para decidir por sí mismas quién iba a ser su alcalde. Del 22 de mayo al 11 de junio, día en que se constituyeron las nuevas corporaciones locales, han pasado casi veinte días, tiempo más que suficiente para iniciar y culminar cualquier tipo de negociación. Los resultados de ese proceso saltan a la vista: ha habido un partido, el Partido Popular, que ha actuado como tal, como partido, con sentido de la responsabilidad y de la obligación, y ha habido otro, el Partido Socialista Obrero Español, que, lejos de ocuparse de lo que verdaderamente ahora interesaba, como era establecer el gobierno de los pueblos, ha empleado el tiempo a sus cuitas internas. Es cierto, y ya lo denunciamos en estas mismas páginas, que la tardanza en el nombramiento de la gestora dejaba muy poco margen de tiempo para ponerse a establecer negociaciones en quince pueblos, pero la tarea tampoco era imposible. A la vista de los resultados, se puede decir que los nuevos regidores socialistas no han dedicado a la cuestión un solo minuto.

Un partido, y más cuando es un partido que habitualmente recibe una considerable confianza de los ciudadanos, como es el Partido Socialista, tiene que diferenciar muy claramente y establecer preferencias inequívocas entre el interés del partido y el interés de la ciudadanía. Como muy bien dice el presidente de la gestora, Javier Barrero, “los problemas del partido no interesan a nadie”. Efectivamente, lo que ahora interesaba a los almerienses era quiénes iban a ser sus alcaldes, y el PSOE de Andalucía, en ausencia de una ejecutiva provincial, debería haber nombrado un comité de crisis con la única función de negociar los pactos municipales. No se hizo, y ahí tienen el resultado.

De lo que no se va a poder quejar la gestora es de falta de tiempo para elegir de manera acertada a los diputados provinciales. Ante el vacío de poder que se ha vivido estos días, algunos alcaldes se han puesto a abanderar grupúsculos de presión con el fin de colocar a gente de su confianza en la diputación. La gestora debe cortar de raíz estas situaciones. El PSOE no está todavía para ponerse a hacer subastas. El poder del PSOE se está reduciendo tanto que es fundamental para el futuro del partido y para el propio interés de la provincia que estos nombramientos se hagan de forma meditada y con una valoración detallada de las cualidades de los posibles candidatos. La figura del portavoz socialista en la diputación va a ser clave en los próximos cuatro años, pues va a ser la voz que lleve a los pueblos el trabajo de los socialistas en la institución.

Estas elecciones, el mapa provincial se ha visto inundado por una enorme mancha azul. De los 690.000 almerienses que estamos en la provincia, 600.000 van a tener alcalde del Partido Popular y los 690.000 van a tener su diputación gobernada por el Partido Popular. La contundencia de los números nos dice que no es una situación normal, y tanto no lo es que ni siquiera en 1979, cuando el PSOE acababa de salir de la clandestinidad, se daba una situación similar. Seguramente habrá muchos aciertos ajenos, pero ya nadie discute que también han sido muchos los errores propios de los socialistas. Esta situación anómala sólo puede cambiar con seriedad, con entusiasmo, con respeto a las esencias propias y poniendo en cada lugar a quien más preparado esté y mejores servicios sea capaz de prestar a la provincia y al proyecto político que representa.