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viernes, 29 de abril de 2011

Pilar Navarro y sus 111 preguntas

Emilio Ruiz

Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/



Tiene razón Pilar Navarro: el noventa por ciento de quienes estos días aparecen, por primera vez, formando parte de una candidatura a concejal de su pueblo no tiene ni remota idea de cómo hay que desempeñar ese cargo, de cuáles son los derechos y obligaciones que le otorga la legislación sobre Régimen Local y cuáles son los mecanismos que esa ley pone en su mano para poder ejercerlo con dignidad. Cuáles son las competencias del Pleno y cuáles las de la Comisión de Gobierno, cuáles de la Comisión Informativa, cuáles las del alcalde-presidente; qué diferencias hay entre una moción, un ruego o una pregunta; qué es un plan general, un plan parcial, una unidad de actuación, un estudio de detalle; cuándo se puede poner una moción de censura; qué es el grupo mixto y el de los no adscritos… En fin, son cien mil las cuestiones sobre las que un concejal tiene que decidir y son decenas las leyes de las que se tiene que valer y que desconoce casi en la totalidad.

La joven abogada obtuvo su licenciatura en Derecho con varias decenas de matrículas, pero, cuando llegó al ayuntamiento de la capital como concejal del Grupo Socialista, se dio cuenta de que, de todo lo que le habían enseñado en la UAL, casi nada le servía para desempeñar su nuevo cargo. La experiencia de cuatro años de concejal de la oposición le ha servido, entre otras cosas, para poder ilustrar ahora a quienes desean seguir el mismo camino que ella. Junto a su colega Fernando Martínez, concejal del ayuntamiento de Écija, ha escrito un interesante manual titulado Las 111 preguntas más frecuentes de los concejales (Centro de Estudios Municipales y de Cooperación Internacional de la Diputación de Granada). Nadie debe presentarse a la toma de posesión de su cargo de concejal sin antes haberse leído este librito. Así que ya lo sabes, candidato: ve comprándotelo por si sales elegido. Total, por 20 euros…

sábado, 23 de abril de 2011

Bonos patrióticos

Emilio Ruiz

Director de La Cimbra



El sistema financiero español ha pasado del cielo al infierno en apenas unos meses. Primero nos hicieron creer que las entidades españolas eran un modelo de gestión y solvencia donde debían mirarse todas las entidades financieras del mundo mundial. Después, que puede peligrar la viabilidad de las cajas si no entran en un proceso de fusión. Y por eso, casi todas se embarcaron en las llamadas fusiones frías, una extraña figura de agrupación que, lejos de recortar gastos, lo que hace es duplicarlos al mantener íntegras sus estructuras organizativas. A renglón seguido, se demuestra que las “sip” -sistemas institucionales de protección, es decir, las fusiones frías- no sirven para nada y se insta a las cajas a convertirse en bancos y lanzarse al mercado en busca de dinero para capitalizarse. El último episodio lo hemos visto la semana pasada con el presidente del gobierno ofreciendo en China las cajas españolas por mitad del precio de su valor en libros.

Que los bancos y cajas españoles no tienen dinero, eso lo sabe todo el mundo. Basta, para comprobarlo, con acercarse a cualquier oficina a pedir un préstamo. Lo normal es que salgamos de allí con el director registrando nuestros bolsillos para ver si le dejamos allí algunos ahorrillos. Y como no tienen dinero, pues se lanzan a su caza y captura ofreciendo unos intereses que superan en varios puntos el precio del interbancario (estos días se habla de imposiciones a plazo fijo a un año con una remuneración entre el 4% y el 4,5%). Alarmado el Banco de España, va y dice que penalizará a las entidades que ofrezcan esos extratipos.

Y en éstas, entra en juego Cataluña. La Generalitat va y se inventa los llamados “bonos patrióticos”. La primera emisión, a finales de 2010, remuneró al 4,75% los 2.500 millones de euros captados. En 2011 repite experiencia y ya ha captado 3.200 millones, que remunera al 4,25% a un año y al 4,75% a dos. Al coste que supone ese interés hay que añadir el regalito que el gobierno catalán hace a las entidades colocadoras, que oscila nada menos que entre el 2,5% y el 3,5%. Obviamente, tal regalito solamente se lo ha dado a “los suyos”, es decir, a La Caixa, Catalunya Caixa, Banco Sabadell y Unnim.

¿Y quiere usted, lector, que, visto como está el patio, le den un préstamo? ¡No sea ingenuo, por favor!

sábado, 16 de abril de 2011

Maya Reyes, hija del Indalo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra



Dice que es un producto -“y a mucha honra”- de las noches de lujuria y desenfreno de aquella Mojácar hippy de finales de los setenta. De las noches de Hollywood y el Congo. De La Escalera y Lua (¡ay, Miguelito, Miguelito Ríos, qué trancas!). De El Alto y El Pimiento. Nació envuelta en la magia del Indalo, pero, hasta que no empezó a balbucir, no pudo preguntar por el significado de aquel tótem. Y su padre pasó de enciclopedias: “Tú eres una de sus criaturas”. “Mojácar es, para mí, algo místico”. Fantasea con las fotos de sus padres, unos casi adolescentes resultones, ataviados con largas túnicas y la cabeza coronada de flores, viviendo la vida por las callejas de Mojácar pueblo. “¿Ah, tú eres la hija de aquella hippy de pelo largo y rubio, vestida de blanco, que jugaba con los niños en Plaza Nueva…?”, le recuerdan, aún hoy, cuando por aquí viene. Y ella, como que le gusta oírlo.

Estos días, Maya -Maya Reyes, Mojácar, 1979- saborea las mieles de su último estreno en Cuarta Pared, en Madrid. El jueves echó el telón. En Fair Play la visión del mundo se hace a través del fútbol. Es una historia plagada de amor, de venganza, de conspiraciones y de vencedores y vencidos. Aún le llegan los ecos de su éxito televisivo Oído Caníbal, segunda serie, tras ¿Qué fue de Jorge Sanz?, con la que Canal+ se ha estrenado en las nuevas tendencias de la narrativa audiovisual. “Sofía, mi personaje, es un bicho raro del que he tenido que separarme con un muro de hielo, porque sus sentimientos no son los míos”. Espera una segunda temporada. Sería la consagración definitiva de una experiencia piloto hecha con mucho valor humano y pocos medios técnicos.

¿Y cómo no habíamos descubierto antes a esta actriz mojaquera? Véanla y disfruten, ahora, señoras y señores, que la taquilla de la red siempre está abierta (http://www.canalplus.es/oido-canibal). Encandila la chica.

viernes, 8 de abril de 2011

UPyD: a la chita callando

Emilio Ruiz

Director de La Cimbra


Todo el mundo parece que está de acuerdo en que ya está realizado el reparto de concejalías del ayuntamiento de Almería, aún faltando mes y medio para las elecciones. A saber: 15-18 para el PP, 1-3 para IU y 8-12 para el PSOE. Y los demás, a tomar viento, dicho sea con respeto. Esto es lo que todo el mundo piensa, digo, no lo que cree este humilde servidor, que cada día ve más claro que otra vez el consistorio va a ser cuatripartito, como ahora. ¿Y qué candidaturas tenemos para ocupar ese ansiado hueco que va a dejar GIAL? Al menos, tres. Una, el sempiterno PA, que, entre crisis y crisis, a veces renace. No es éste su mejor momento, desde luego. Y sus representantes locales no lo tienen por el trabajo, pues se limitan a estimular nuestro ego andaluz cada 28-F y poco más. Una incertidumbre es el Foro Ciudad, de Alfonso Rubí. Puede sacar provecho del descontento generalizado que hay con los partidos tradicionales. Y está, después, UPyD, el partido de Rosa Díez. Están haciendo una precampaña modélica. Desde hace varios meses realizan una verdadera labor de oposición municipal desde fuera del consistorio. Su mayor mérito reside en que no solo denuncian actuaciones municipales, sino que ofrecen propuestas de solución, muchas de ellas bastante elaboradas. Sus actos públicos denunciando la situación del puente de Pescadería (que han conseguido, ellos solitos, clausurar), la contaminación de las playas del Zapillo, la ordenación del tráfico urbano y la insuficiente publicidad de los presupuestos municipales (ofreciéndoles en excell) les han dado un caché que, al menos en las redes sociales, está recibiendo el reconocimiento de muchísimos almerienses. Si UPyD no se desfonda de aquí al día de las elecciones y hace una campaña electoral tan inteligente como la precampaña, estoy seguro de que pueden ocupar el espacio libre que GIAL va a dejar. Esa es, al menos, mi impresión.

sábado, 2 de abril de 2011

El crucifijo de Diputación



Emilio Ruiz


Haciendo zapping por el dial me encuentro, el martes, con que ACL Radio retransmite el pleno de la diputación. Lo detengo durante un rato, más que nada por saber cómo andan los ánimos, adentrados, como estamos, en vísperas de unas elecciones. Qué delicia. El pleno era un mosaico de buenas maneras, de corrección, de política de nivel. Así da gusto, la verdad. Llegado el punto de ruegos y preguntas, el diputado de IU Antonio Romero planteó el tema del crucifijo. Lo hizo con cortesía y defendiendo su postura con razonamientos adecuados. De igual modo respondieron los portavoces del resto de grupos. Todo correctísimo. Por eso me extrañó ver, al día siguiente, tanto ensañamiento con el diputado de IU.


Posiblemente sea verdad que, treinta y dos años después de disfrutar de las bondades de un estado laico, aún no ha llegado el momento de quitar los crucifijos de todos los espacios públicos. Pero no somos ingenuos: para un grupo de españoles, aún que pasen cien años, el momento adecuado nunca va a llegar. En el fondo, les cuesta aceptar que ser tolerantes consiste precisamente en lo contrario de lo que predican: en no imponer a toda la ciudadanía los símbolos de las creencias religiosas o políticas de una parte de la misma. ¿Qué diría un concejal popular si el salón de plenos de diputación estuviera presidido por el puño y la rosa socialista? ¿O qué diría un concejal socialista si el del ayuntamiento lo estuviera por la gaviota popular? Dirían que estamos todos un poco locos. Pues no le veo mucha diferencia con el caso del crucifijo.


Esta vez, un presunto valor artístico, de dudosa aplicación al caso, ha cerrado el debate. Pero sólo de forma provisional. La solución definitiva vendrá cuando aceptemos todos, todos, que ninguna creencia religiosa o política, por querida que sea, debe disfrutar de privilegios que negamos a las demás.