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sábado, 15 de enero de 2011

¿Les importa que eche un pitillo?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Pedro Haro, mi paisano y amigo Pedro Haro, es un hombre cabal. No le gusta meterse en líos. Tampoco le gusta que lo metan. Ahora no fuma. Hace casi veinte años que se dejó el tabaco. Pero cuando le preguntan si es fumador afirma que sí, que es fumador. “El tabaco –dice- es como el sacerdocio: imprime carácter, igual que se es cura de por vida aunque te alejes del Vaticano, el fumador lo es de por vida aunque no le des un euro a Altadis”.
El caso es que Pedro Haro, mi amigo, estaba el otro día en un restaurante de Roquetas, degustando los postres y el café de una comida que estaba a punto de llegar a su término. Solamente quedaban ocupadas dos mesas en el salón. En esto que uno de los ocupantes de la otra mesa se levanta, se acerca a la suya y con voz cautelosa les dice: “¿No les importa a ustedes que eche un cigarrillo?”. Mi amigo, que a veces es áspero en sus respuestas, él lo reconoce, no se anduvo con rodeos: “La pregunta es tan improcedente como la respuesta que le podamos dar, nosotros no damos licencias de fumador, haga usted lo que crea que debe hacer”. Y el hombre fuese a su mesa y echó un pitillo. Y no pasó nada.

No entiendo el lío que se ha armado con la ley antitabaco. Ni recuerdo en la historia de España una ley que se haya hecho con tanto consenso como ésta. El setenta por ciento de los españoles nos declaramos no fumadores. Ninguno de nosotros nos oponemos, que yo sepa, a que fume quien quiera fumar. Que cada uno haga consigo lo que le entre en gana. Pero lo que no pueden pretender los fumadores es que los demás nos traguemos el humo que echan por su boca. La ley les puede gustar más o menos, pueden criticarla, pueden recoger firmas para su derogación, pueden poner por ahí carteles diciendo que es una ley tal o una ley cual y que el gobierno es no sé qué y no sé cuánto… pueden hacer lo que quieran. Menos dejar de respetarla. Es cierto que el ciudadano de a pie no debe convertirse en un policía que delate a los incumplidores. Pero los fumadores deben saber que las normas de convivencia requieren el respeto a las leyes y al prójimo. Y si no se puede fumar, pues no se puede fumar. Y punto. Sed comprensivos, amigos.