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domingo, 28 de noviembre de 2010

Empresarios en La Moncloa


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra

Mientras Financial Times, el periódico de cabecera de la élite empresarial europea, salía a la calle con su editorial Zapatero, desafiante en medio de las turbulencias y su prestigiosa columna Lex debatía sobre si considerar a nuestro presidente muy valiente o muy estúpido al decir que los especuladores que atacan a España perderán hasta la camisa, ese mismo día, que fue ayer, José Luis Rodríguez Zapatero se reunía en La Moncloa con los presidentes de las 37 empresas más importantes del país. Objetivo: transmitirles a quienes representan más del 50 % del P. I. B. nacional que merece la pena confiar en España, en su situación actual y en su futuro inmediato.

No recuerdo una reunión como ésta en la historia reciente de España. Habitualmente, quien suele acudir a La Moncloa para estas cuestiones es el presidente de la CEOE, la gran patronal, y, a veces, también, el de la CEPYME, que representa a las medianas y pequeñas empresas. Pero Zapatero ha aprovechado que los empresarios se encuentran en pleno proceso electoral para hablar directamente con un grupo de ellos, la élite, la crème de la crème. La idea ha molestado a quien está en funciones de presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, pero parece que a quien no ha molestado tanto es a los empresarios elegidos, que no ven en el ex-presidente de Viajes Marsans el mejor exponente de sus intereses. Algunos medios periodísticos han intentado derribar la reunión mostrando como desprecio a la invitación lo que simplemente era la imposibilidad de la asistencia. Tal era el caso de los presidentes del BBVA, Francisco González, y de Inditex, Amancio Ortega. En una semana de incertidumbre en los mercados, con las empresas del IBEX dejándose en el parqué más de un 7 %, no están tan locos los empresarios como para desaprovechar la ocasión de transmitir a los mercados un mensaje de confianza.

Cuando redacto estas líneas, acaba de finalizar la reunión. Los empresarios, al ser convocados de forma individual, no han tenido oportunidad de exponer su punto de vista sobre la misma como una voz unificada. Los pocos que se han acercado a los micrófonos de los periodistas lo han hecho con palabras de optimismo. Quien sí ha comparecido en rueda de prensa ha sido el presidente del Gobierno. Rodríguez Zapatero ha pedido a los empresarios confianza en su gestión, así como esfuerzo inversor y credibilidad para la economía española. A cambio, se ha comprometido a agilizar las reformas estructurales que ya ha anunciado -la de las pensiones es inaplazable, más que como necesidad inmediata como mensaje para los mercados- y adoptar otras que fueran precisas. Para ser más competitivos, para poder aumentar las exportaciones, para incrementar la productividad y reducir el desempleo es necesario, dice el presidente, completar la reforma del sistema financiero e incentivar nuevas inversiones mediante desgravaciones fiscales adicionales. Ha establecido como fecha tope para la restructuración de las cajas de ahorros estas mismas navidades y ha prometido desarrollar de forma inmediata la reforma laboral que parece que a nadie ha dejado contentos, ni a empresarios ni a sindicatos. Zapatero les ha transmitido algo que ya anunciara en su extensa entrevista en el diario El País: hará las reformas que fuesen precisas, sin condicionante de ningún tipo, para que la economía española no pierda un ápice de su credibilidad. Y ello, aún a costa de no llegar a ser totalmente comprendido por lo que considera su base electoral.

Mariano Rajoy, minutos antes de la reunión, ha restado importancia a la misma. Sin salirse de su guión habitual ha persistido en la idea de que El problema de España es Zapatero. Son muchos los españoles que comparten esa idea. Y también son muchos quienes consideran que, una vez que se ha conformado una mayoría para sacar adelante los presupuestos generales del estado y que parece desechado el anticipo de elecciones generales, Mariano Rajoy podría arrimar el hombro un poquito más. El resultado de las próximas elecciones será el que tenga que ser, y todas las encuestas apuntan en una determinada dirección, pero ahora lo necesario es calmar a los mercados y cerrar las puertas de nuestra economía a los especuladores, siempre prestos a sacar taja de las peores situaciones. El Partido Popular ganaría confianza, en mi modesta opinión, si junto a las habituales críticas el Ejecutivo mostrara un abanico de propuestas y un apoyo sincero en los momentos de dificultad. La responsabilidad siempre es apreciada por el elector. Y no resta votos; al contrario, aumenta votos.