_______________________________________________________________________________________________

sábado, 25 de septiembre de 2010

Guerra Civil en Garrucha

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

La Guerra Civil abrió una enorme herida que, tres cuartos de siglo después, no acaba de cicatrizar. Los recuerdos, los sentimientos y, por qué no decirlo, hasta los odios, vividos en presente o en pasado, en primera persona o en nombre de personas cercanas, siguen vivos. Los españoles hemos hecho un enorme esfuerzo por superar aquella dramática situación, estableciendo una línea fronteriza entre lo que nunca debió ser y lo que debe ser. Convivir inmersos en la armonía, el perdón y la comprensión no supone borrar de nuestra mente situaciones que han marcado nuestras vidas. Setenta y cinco años son muchos, pero nunca se sabrá sin suficientes para desgranar hechos históricos que ahondan en nuestras emociones. Son suficientes si se actúa con el tacto adecuado, si se procura relatar la realidad y no interpretar, y menos malinterpretar, la realidad.

En el recorrido que Arráez Editores realiza por los pueblos de Almería para rememorar aquellos años, la última parada la ha hecho en Garrucha, un pueblo donde las brutalidades de la guerra y de la postguerra fueron especialmente sangrientas, con 17 vecinos muertos en la retaguardia republicana y otros tantos a partir de abril del 39, entre éstos dos de los tres alcaldes de la guerra.

Manuel León y Eusebio Rodríguez, coautores de la obra (“La Guerra Civil en Garrucha. Violencia republicana y represión franquista. 1936-1945”. Arráez Editores.), garantizan el rigor en el tratamiento de los hechos a la vez que evita los juicios y prejuicios interesados y de parte. La historia se escribe, se analiza y se interpreta mucho mejor cuando en el ánimo del autor prevalece la razón sobre la pasión. Éste es el caso. Y éste, el gran valor del libro. Se sea o no de Garrucha, quien desee adentrarse en la historia trágica de esta tierra, que no deje de leerlo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

En Rumanía

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Por obligación, que no por devoción, esta semana he aterrizado en Rumanía. Y vaya viajecito. Cada vez me está resultando más difícil planificar un viaje cuando el medio de transporte es el avión. La agenda estaba plenamente ordenada. A las 10, salida de Almería; a las 12,30, enlace con Bucarest, y a las 7 de la tarde, primera reunión en la capital rumana. Todo se vino al traste por culpa de Aire Nostrum, que se dignó despegar su aeronave desde el aeropuerto de Almería pasadas las doce del mediodía. ¿Razones? Peregrinas, como siempre: que si el avión viene de Pamplona con retraso, que si a su vez llegó a Pamplona procedente de París con retraso… cuentos chinos. Llegamos a Barajas cuando el avión de Tarom –porque ésta es otra, ¿cómo es posible que Iberia no tenga vuelos a Bucarest?- había dejado atrás los Pirineos. Tuvimos que coger otro vuelo, a las siete de la tarde, y, cuando entramos por la puerta del hotel, era de madrugada. Un día perdido.

No había estado nunca en Rumanía. Algo me sorprendió nada más llegar: no existe soterramiento de cables aéreos ni siquiera en el centro de la ciudad. Cada farola es un emporio de cables de todo tipo que dan al paisaje un aspecto penoso. Ni siquiera los edificios nobles se libran de tal presentación. Bucarest, que debe ser algo así como la crème de la crème del país, tiene el aspecto de lo que pudiera ser una ciudad mediana española de los años cincuenta. Todo, allí, está por hacer. Y hacerse, se hace poco. Parece que es verdad eso de que la Unión Europea les ha cerrado el grifo hasta que no aclaren el tema de la corrupción. Nos pudieron un ejemplo clarificador: en los proyectos que mandaron a Europa en busca de financiación, valoraban el kilómetro de autovía el triple de lo que costaba en cualquier otro país europeo.

Me llevé una sorpresa: la cantidad de gente que habla español. Era inevitable que surgiera la pregunta de rigor: “¿qué, tú también has estado en España?” “No, no, yo lo he aprendido viendo las telenovelas mejicanas”. Qué curioso. Por eso, con esta gente no hablábamos; platicábamos.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Marcha atrás

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

El anuncio de la vicepresidenta segunda del gobierno y ministra de Economía, Elena Salgado, de que el gobierno va a modificar el Decreto 8/2010, que prohíbe a los ayuntamientos pedir créditos el próximo año 2011, habrá cogida de sorpresa a mucha gente, pero no a este servidor. Y quien dude de ello, que ojee la edición de este periódico del pasado 15 de agosto. En este mismo lugar y con la misma firma de hoy se publicaba el artículo titulado “Ceremonia de la confusión”, cuyo último párrafo decía así: “Y puestos a hacer más rectificaciones, emplazo al lector a la próxima: el decreto de congelación de créditos de las entidades locales para 2011. Es el aliado perfecto del desempleo. Será suavizado o completamente derogado. Y si no, al tiempo”.

Han pasado cuatro meses desde que se adoptó la medida y menos de un mes desde que vaticiné su reforma, y ya tenemos aquí la rectificación. No hacía falta ser adivino para ver lo que iba a venir. Casi todos los ayuntamientos, tras la crisis del sector inmobiliario, que durante varios años ha sido su principal fuente de ingresos, están pasando por dificultades económicas, pero tomando medidas drásticas que afectan a todos penalizamos de igual forma a los alcaldes que han actuado de forma irresponsable y a quienes lo han hecho de forma responsable. Y eso no podía ser.

El ayuntamiento de Almería, con una deuda de 62,3 millones de euros para una población de 188.810 habitantes (38,2 % en relación con los ingresos), ha sido destacado por la ministra Salgado como ejemplo de buena gestión económica. Hay que felicitarle. Otro ayuntamiento almeriense, el de Alhabia, en cambio, ocupa el segundo lugar a nivel nacional en deuda relativa. Debe casi 3,5 millones de euros para unos ingresos estipulados en algo más de un millón, lo que proporciona un porcentaje de deuda que supera el 300 %. No es para felicitarle, precisamente.

sábado, 4 de septiembre de 2010

¡Vaya semanita!

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

Lunes. Resaca ferial. Óscar Martínez, regente de la plaza de toros de Almería, hace balance de la feria taurina: 27.000 espectadores en total, frente a los 33.000 de 2009, los 34.000 de 2008, los 38.000 de 2007, los… Lo dicho: los toros no hay que prohibirlos, se están prohibiendo solos.

Martes. Uche se queda, Alves se queda, Crusat se queda, Piatti se queda… Ofertas, muchas; dinero, poco. Esto del fútbol se empieza a poner razonablemente bien.

Miércoles. El mega-artículo de José Antonio Martínez Soler, en su blog, sobre la defenestración de su amigo Antonio Cantón echa chispas por los cuatro costados. Como dicen los adolescentes de ahora: “¡Qué fuerte, tío!” Estruendoso, tratándose, como se trata, de alguien que tiene un cargo de confianza del Partido Socialista, aunque sea la presidencia de la Junta Rectora del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar.

Jueves. Dice Zarrías que en enero se traspasarán a Andalucía las competencias sobre los chiringuitos. No es un tema menor.

Viernes. Una mala noticia: se va Luis López. La política provincial, con su marcha, se empobrece un poco más. Su cercanía a la gente, su entrega, su sencillez, su buena disposición, su humildad, su empeño por dignificar y humanizar la política… van a ser difíciles de superar. Debe volver. Volverá.

Sábado. Las percepciones no siempre son el fiel reflejo de la realidad, ya lo sabemos. Pero algo nos dice que este verano está siendo bastante aceptable, turísticamente hablando. Nos temíamos lo peor, y parece que no. Esperemos que los datos oficiales lo confirmen.

Domingo. Dramáticas declaraciones de Celestino Corbacho a El Periódico de Catalunya: “No le deseo a nadie lo que he sufrido”. Ser ministro de Trabajo en un gobierno socialista y en época de crisis es un cóctel explosivo que pocas personas pueden soportar. Ministro como lo era Caldera lo es cualquiera: siempre con la chequera abierta, y el que venga detrás que achuche.