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jueves, 12 de agosto de 2010

Ceremonia de la confusión

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www. emilioruiz.es

En estos convulsos tiempos que nos han tocado vivir una de las pocas cosas que podemos exigir a nuestros gobernantes es que no alimenten la ceremonia de la confusión. Las empresas, los inversores, eso que algunos llaman despectivamente “los mercados” –que, no lo olvidemos, son los motores que alimentan la economía de un país- piden mensajes nítidos, concretos y ciertos y desprecian la improvisación y la política de bandazos. Es lógico, pues resulta difícil elaborar un plan serio de negocio o de inversión si las reglas de juego cambian un día sí y el otro también.

Hace apenas quince días el gobierno adoptó una medida dramática para la supervivencia de un buen número de empresas dedicadas a la construcción de infraestructuras públicas. No olvidemos que nuestro país es líder mundial en empresas de este tipo, muchas de ellas integradas en el Ibex-35. La medida, en opinión de la mayoría de los expertos, fue disparatada, pues lo menos que debe hacer un gobierno es recortar en inversiones que generan valor añadido y riqueza, que generan progreso y bienestar en definitiva, en vez de hacer recortes en el gasto corriente. Pero, compartida o no, la medida se tomó y punto. Todas las empresas del sector se han puesto manos a la obra para operar en el nuevo escenario. Algunas no podrán superar la situación y se verán abocadas al concurso mandando a la quiebra a un montón de empresitas subcontratistas y trabajadores autónomos. Otras, podrán resistir a base de mucha imaginación y dedicación.

Reconoce ahora el gobierno, tan sólo dos semanas después, que aquella medida fue extremadamente dura, que a ese paso nos vamos a cargar un tejido empresarial muy consolidado y solvente y que los índices de paro se pueden disparar en vertical en el tercer trimestre. Pues claro, ¿es que no se lo dijimos? ¡Hala, a rectificar toca!

Y puestos a hacer más rectificaciones, emplazo al lector a la próxima: el decreto de congelación de créditos de las entidades locales para 2011. Es el aliado perfecto del desempleo. Será suavizado o completamente derogado. Y si no, al tiempo.