_______________________________________________________________________________________________

sábado, 31 de julio de 2010

Volando voy

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Tiene este oficio –el de escribidor, digo- un enorme inconveniente: todo el mundo se cree en el derecho de decirte sobre lo que tienes que escribir, sin que la mayoría caiga en la cuenta de que lo que para muchos puede ser un tema de atención especial para otros puede carecer de interés alguno. “¿Escribirás sobre la prohibición de los toros en Cataluña?”, me dicen. Pues no. Porque no quiero hacerles el caldo gordo a quienes quieren convertir en casus belli cualquier decisión que en uso de su libertad tome el pueblo catalán o sus legítimos representantes. “¿Y sobre la crisis del PSOE provincial?”. Tampoco. Me sorprende, eso sí, ver cómo se deteriora en el PSOE uno de los valores más preciados que siempre ha tenido, cual es que las cosas internas del partido carecen de interés para el ciudadano y donde hay que tratarlas es en los órganos de debate internos y no en las páginas de los periódicos. Y me sorprende aún más esta fiebre escritora que le ha entrado de pronto a quienes se autodenominan grupo de los abueletes, que, sin pudor alguno, se proponen a las nuevas generaciones socialistas como ejemplos a imitar. El futuro está en el pasado, parece que dicen. Simplemente, grotesco.

Hoy, en realidad, de lo que me apetecía hablar es de la gran cantidad de pegas que le están poniendo a uno de mis lectores, Juan Clemente, para que Ándalus Líneas Aéreas le devuelva el dinero de los billetes de avión que le cobró por un viaje que nunca le pudieron dar. “Tenía mi billete de ida y vuelta desde Almería a Madrid, me dejaron sin vuelo y ahora no sé qué camino tomar para que me devuelvan el dinero, he hablado ya con media compañía, tres veces he dado el número de cuenta donde me deben hacer el ingreso, hasta me he personado en las oficinas de Málaga…”. Le he sugerido que escriba una carta al director de este periódico por si surte efecto.

Así que, hoy, ná de ná. Pues que tengamos, al menos, felices vacaciones. Yo, ya, volando voy…

sábado, 24 de julio de 2010

La campaña de abonos del Almería

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

Todo hijo de vecino ha vivido alguna vez la experiencia de lo enrevesado que resulta darse de baja de cualquier servicio, llámese, por ejemplo, una línea telefónica, un seguro médico, una central de alarmas o una televisión de pago. Además de exigirnos el respeto a un determinado procedimiento de tramitación de la baja so pena de no verla nunca hecha efectiva, la compañía en cuestión, cuando aprecia que nuestra decisión puede ser definitiva, entonces es cuando queman el último cartucho con sus ofertas irresistibles: que si una nueva tarifa que va a reducir la factura de forma considerable, que si tres meses de alta gratis, que si un nuevo paquete por el mismo precio… Es cierto que la mayoría de las veces tanta insistencia agota, pero siempre queda en nuestro interior la duda de qué es mejor, si que nos ignoren o que valoren nuestra permanencia. En cualquier caso, todos somos comprensivos con este proceder de unas compañías para las que los ingresos periódicos del abonado son una pieza clave en sus cuentas de resultados.

Lo que no es normal es la forma con la que actúa cada año la Unión Deportiva Almería en su campaña de renovación de abonados. Optan por el camino de la ignorancia. Su proceder retrata fielmente el funcionamiento arcaico de una institución que parece que aún no ha descubierto los efectos positivos de la publicidad y el marketing. Se creen que estas cosas sólo se arreglan echando mano del lagrimeo y del presunto compromiso que todo el mundo debe tener con no sé qué sentimiento rojiblanco. Que no, señores, que estas cosas, hoy, no funcionan así. Pregunto: ¿mientras todos y cada uno de los miembros de la Junta Directiva, empezando por el presidente, observan cómo cada año la bolsa de abonados va menguando, a nadie se le ha ocurrido crear un servicio de contacto directo, aunque sea telefónico, con el actual y el potencial abonado? Ojo, que quien tanto quiere ignorar, al final, puede verse ignorado.

sábado, 17 de julio de 2010

Una noticia buena y otra mala

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

El mundo financiero andaluz nos dio el pasado viernes dos noticias, una buena y otra mala. La buena: Cajamar ha absorbido Caixa Rural Balears. Cierto que es una entidad pequeñita, que apenas incrementa un dos por ciento los actuales activos de la cooperativa de crédito almeriense (544 millones de euros sobre un total de 28.000), pero tiene la operación tres vertientes que le dan un toque altamente positivo: una, que, al contrario que en las últimas ocasiones, no se trata de una fusión fría sino de una fusión pura y dura (insisto en lo que dije en un anterior artículo: lo de los sips es un mal rollo que sirve para mantener estructuras paralelas); otra, que la caja almeriense da un paso más en el camino hacia su transformación en una entidad de ámbito nacional, saltando ahora el charco, y la tercera, que ya parece imparable el avance de Cajamar hacia el objetivo de conseguir unos activos de cincuenta mil millones de euros, que es la cantidad mínima que el Banco de España considera que debe tener una entidad financiera para poder subsistir de forma autónoma.

Y la noticia mala: Cajasur, como Cajagranada, también se nos va también de Andalucía. Se va al País Vasco, a alimentar las despensas de la Bilbao Bizkaia Kutxa. Sé que alguien puede acusarme de hacer planteamientos demagógicos, pero, nada más conocer la noticia, me vino a la mente esta interrogante: ¿si hubiera sido al revés, si hubiera sido la BBK la que estuviera en venta y las candidatas a su control hubieran sido la Kutxa o Caja Vital, las otras dos cajas vascas, por un lado, y Unicaja, por otro, alguien puede imaginar que se hubiera permitido que la caja vasca viniera para Andalucía? Mi respuesta la tengo más clara que el agua: no. Dice el Banco de España, para justificar su decisión, que de esta forma el Frob se ahorra unos cientos de millones de euros. ¿Y esta sensación de ninguneo, de humillación, de desprecio, esta cara de tonto que se nos queda a los andaluces, cuántos millones de euros vale?

Al final, los andaluces, somos tan poquita cosa, que, parodiando a Humphrey Bogart con su “siempre nos quedará París”, tendremos que conformarnos con decir que “siempre nos quedará Cajamar”.

domingo, 11 de julio de 2010

Pagar un cheque

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

No sé si usted, querido lector, ha oído contar el caso de ese señor que, abrumado por las deudas, fue a un banco, abrió una cuenta corriente con unos pocos euros y pidió un talonario de pagarés. A cada deudor que iba a exigirle su dinero le complacía con un pagaré a 90 días. Al cabo de los tres meses, el director del banco empezó a ver cómo iban llegando pagarés, que no podía atender por falta de saldo. Fue en busca de su cliente y le comunicó la incidencia: “Pues que están llegando muchos pagarés –le dijo- y hemos visto que se le ha olvidado ingresar dinero en la cuenta”. Nuestro hombre, ni corto ni perezoso, reaccionó con rapidez: “Uff, es que se me ha olvidado pasar por allí, pero no se preocupe, ya que está usted aquí, tome este pagaré y atienda todo lo que ha llegado”. Y le extendió al director del banco otro pagaré.

La anécdota es lo suficientemente expresiva para ilustrarnos sobre la poca importancia que se le da en España al hecho de devolver un cheque, un pagaré o una letra de cambio. No conozco con detalle el valor que esta circunstancia tiene en otros países europeos, pero sí me consta, porque lo he podido comprobar, que un ciudadano inglés, por ejemplo, de ésos que tantos tenemos entre nosotros, cuando te entrega un cheque, ese cheque normalmente se atiende. En Suiza, me dicen, como se te ocurra devolver uno, va la policía a tu casa y te lleva detenido. En Alemania creo que ni siquiera existen los pagarés tal como los entendemos aquí. En España, devolver un cheque es poco menos que un deporte nacional. A tal punto se ha llegado que, hoy en día, atender un cheque casi se ha convertido en un hecho excepcional. Lo normal es lo contrario, que se devuelva. No somos, en este sentido, un país serio. Y, para colmo, los bancos, cada vez que te devuelven impagado uno de estos documentos, te cobran lo que no está escrito. Ellos, cuanto peor, mejor.

sábado, 3 de julio de 2010

La reforma laboral

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Decía Zapatero que la reforma laboral que el gobierno estaba preparando iba a dar estabilidad a las relaciones en el mercado de trabajo durante los próximos veinte años. Por eso, su nacimiento había creado tanta expectación. La criatura ha venido al mundo en forma de Decreto-Ley, y qué decepción, qué enorme decepción. Tan debilita ha llegado que apenas dos meses de vida va a tener, pues el mismo texto ha sido enviado a las Cortes para su tramitación como proyecto de ley. ¿Era necesario dar vigencia a una reforma que, a su vez, iba a ser reformada en un par de meses? Creo que no, que nos podíamos haber ahorrado este tramite, pues quien lleva tanto tiempo esperando puede esperar dos o tres meses más.

He leído un par de veces el dicho texto. De verdad, no sé de qué se quejan los sindicatos. Su anunciada huelga general debe ser por otra causa, no por ésta. Porque, veamos: ¿Afecta esta reforma a los derechos adquiridos por los trabajadores con contrato en vigor? No, en absoluto. ¿Suprime el contrato ordinario con 45 días de indemnización por despido improcedente? Ni lo suprime ni baja la indemnización. ¿Resta protagonismo a la función de los sindicatos en las relaciones laborales? No sólo no les resta protagonismo, sino que les da otro que nadie había pedido, cual es el que se indica en el artículo 4º sobre movilidad en las empresas donde no hay representación legal de los trabajadores.

España necesita, de una vez y para muchos años, una legislación laboral que: 1.- Establezca como objetivo fundamental la creación de empleo, 2.- Incentive la contratación indefinida sin demonizar la contratación temporal, tan necesaria en algunos sectores productivos como la agricultura, el turismo y la construcción, 3.- Valore la productividad como elemento fundamental en la retribución del trabajador, 4.- Priorice los acuerdos de empresa sobre los sectoriales, 5.- Desjudicialice las relaciones laborales evitando artículos farragosos y de múltiples interpretaciones, 6.- Otorgue a las ETT el papel que se le quiere dar el INEM y que éste ni ha asumido ni va a asumir, y 7.- Flexibilice los despidos por causas económicas, pues siempre es preferible salvar a la mitad de la plantilla de la empresa que hundir a la empresa del todo.