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sábado, 29 de mayo de 2010

Zapatero

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Les ha dado ahora, a todos los escribas del reino, por discernir si interesa al bien del país que sea José Luis Rodríguez Zapatero quien capitanee la salida del túnel de la crisis o, por el contrario, debe acometer dicha faena uno de sus correligionarios de partido o incluso quien ahora se halla de líder en la oposición. En las apreciaciones políticas, como en todos los aspectos de la vida que nos atrevemos a valorar, es muy difícil ser objetivo, si es que la objetividad existe, que ya de antemano digo que no. Para la mitad de los españoles Zapatero es un político inepto y para la otra mitad es, cómo no, un político eficaz. Lo normal.

Como digo que la objetividad no existe, voy a hacer uso de mi racional subjetividad para enjuiciar la labor del personaje en cuestión. Encuentro muchos aciertos en su haber: la retirada de las tropas españolas de Irak, las políticas de igualdad, la asistencia a los dependientes, el esfuerzo inversor en infraestructuras, la ordenación de la financiación autonómica, la lucha contra ETA, la despolitización de la televisión pública, el debilitamiento del soberanismo vasco… Y le encuentro muchos errores: la gestión del estatuto catalán, la destrucción de una racional política fiscal heredada (el regalito de los 2.500 euros, el de los 400 euros, la bajada del tramo alto del IRPF, la supresión del Patrimonio), la reapertura de la memoria histórica, su falta de previsión de la crisis, la eliminación o marginación de políticos válidos (Solbes, Sevilla, Jáuregui…), su confusión energética, su desinterés por elaborar una legislación laboral acorde con los tiempos que nos ha tocado vivir…

Pero la pregunta es: ¿debe ser ZP quien gestione este nuevo tiempo? Creo que a nadie beneficia ahora sumergir a este país en una batalla electoral. Ni siquiera al PP, cuyo partido debe clarificar sus ideas y definir de una vez cuáles son sus fórmulas, demagogia aparte, para salir de la crisis. Mandar al paro a Bibiana Aído, que es su obsesión, no es suficiente. Eso son 3, o 30, millones de euros. Y se necesitan 30.000.