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sábado, 8 de mayo de 2010

Garrucha

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Desde que la democracia volvió a los ayuntamientos, en el año 1979, Garrucha ha tenido sólo tres alcaldes. Adolfo Pérez transformó un humilde pueblo de pescadores, sin término municipal reconocido, en uno de los balcones más bonitos del Mediterráneo. Su renuncia a presentarse a la reelección en 1999 llevó a la alcaldía al socialista Andrés Segura, quien tras una brillante gestión volvió a obtener mayoría absoluta en 2003. En su segundo mandato, Segura se distrajo más de la cuenta en rifirrafes y controversias con un medio de comunicación comarcal y su buena labor política no fue refrendada por los electores, que cedieron el poder al popular Juan Francisco Fernández.

A veces hay que recordar a los políticos avezados –o advertir a los neófitos- que los ajustes de cuentas, en política, casi nunca son adecuados. Las sentencias condenatorias que dictan las urnas suelen ser las más dolorosas, y no tiene sentido, cuando los resultados son favorables, empecinarse en buscar algo debajo de las alfombras por simple sospecha o enemistad o incitado por alguien. Se hizo una auditoría externa, al poco de llegar al poder, con unas conclusiones que debieron sonrojar a quienes la encargaron. Lástima dinero. Pues bien, tres años después los plenos siguen siendo un absurdo ejercicio de análisis de la gestión del socialista, quien, por otra parte, ve cada día cómo los innumerables litigios en los que le metieron son sobreseídos o sentenciados a su favor. Sinceramente, creo que a esta situación hay que ponerle freno. No creo que la sombra de Andrés Segura sea tan alargada como para merecer tanta atención. Garrucha tiene pasado –glorioso, en sus últimos años-, pero tiene, sobre todo, futuro. Pues pensemos en clave de futuro, señores. Y señoras.