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sábado, 1 de mayo de 2010

Fusiones frías

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Qué cosa más curiosa me pasó el otro día. Voy a abrir la correspondencia y me encuentro un sobre con el remite de una entidad bancaria que hasta entonces era nueva para mí: Cajacampo. Qué raro, me dije, si yo a estos señores no los conozco y nunca he tenido nada con ellos… Le doy la vuelta -al sobre, digo- y la sorpresa fue aún mayor al leer la dirección: Apartado de Correos 250-04080 Almería. Intrigado, me apresuro a abrirlo y… ¡oh, sorpresa, sorpresa! Era un recibito de Cajamar, un documento de cargo de ésos que nos dan el susto del consumo de electricidad o de agua. Y ya es cuando empiezo a atar cabos: claro, es que Cajacampo es una de esas entidades que han entrado a formar parte del Grupo Cooperativo Cajamar, y, con tanto lío, habrán cogido el sobre de una marca en vez de coger el sobre de otra.

Y la verdad es que es un enredo esto de las llamadas fusiones frías –o de las S. I. P., Sistemas Institucionales de Protección, para ser más precisos- de las entidades bancarias. En mi modesta opinión, es un camelo que se han inventado para seguir conservando los intereses localistas de las entidades pequeñas. Ninguna cajita, por diminuta que sea, quiere perder las prebendas del apego al terruño aún sabiendo que la dinámica económica conduce hacia entidades fuertes de considerable volumen y solvencia. Las fusiones frías, por una parte, consolidan resultados en un ente superior (el Grupo), pero por otra, mantienen intactas las estructuras burocráticas locales. O sea, que, lejos de simplificar organigramas y reducir gastos, lo que hacen es todo lo contrario, duplicar estructuras y aumentar los gastos.

Las fusiones frías sólo se salvan como antesala, cercana e inmediata, de una absorción o fusión pura y dura. Tal como se presentan ahora son un fiasco descarado que alguien se ha inventado para seguir protegiendo intereses aldeanos. Más claro, el agua.