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sábado, 10 de abril de 2010

¡Es la guerra!

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Allá por los años 80 conocí a quien era jefe de compras del Pryca, Fidel Peris. Me contó lo que le pasó con un lechero de La Cañada que le suministraba yogures frescos. El Pryca le pagaba 17 pesetas la unidad. Un día, el lechero sintió curiosidad por conocer el precio de venta de su producto y fue a la vitrina expositora. Su sorpresa fue enorme al encontrarse este rótulo: “Yogur de La Cañada: 15 ptas.”. Ni corto ni perezoso, nuestro hombre fue, de inmediato, en busca de Peris rogándole que le acompañara, que iba a mostrarle algo. Bajaron a donde estaban los yogures y con su dedo índice señaló el rótulo: “¿Qué, no ve nada raro en ese cartel?”, preguntó. Peris sabía por dónde venía el de La Cañada, pues ya había vivido situaciones similares, pero quiso darle coba: “Pues no, no veo nada raro, a ver… 15, su uno, su cinco…”. “¿Todo bien, pues?”. “Sí, sí, todo bien”. “Vale, pues usted perdone, don Fidel”. Y el lechero marchose aturdido.

Al cabo del tiempo volvió a la vitrina a ver si algo había cambiado. Nada: “Yogur de La Cañada: 15 ptas.”. Tanta intriga le inquietaba y no dudó en subir de nuevo las escaleras del despacho de Peris. “Usted perdone, don Fidel, dirá que soy un pesado, pero es que si no se lo pregunto reviento: ¿cómo puede vender a 15 ptas. lo que yo le vendo a 17?”. “Mi querido amigo –le respondió Peris-, me acaba de hacer una pregunta de compleja respuesta, tanto que si yo lo supiera no estaría aquí, en Almería, sino en París, que es donde se reúne el comité de expertos que se encarga de establecer los precios de todos nuestros establecimientos en Europa, y estos señores han acordado que su yogur se venda a 15 ptas. Más no le puedo decir”.

Pues algo parecido me está pasando a mí con los tipos de interés que ofrecen algunas entidades bancarias por nuestros ahorros. ¿Cómo nos pueden dar un 4 % cuando el euríbor está al 1 %? Se lo he preguntado a mi director de banco de cabecera, Paco Ridao, y ¿saben qué me ha contestado? “¡Es la guerra!”, dice. La guerra del pasivo, obviamente.