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sábado, 24 de abril de 2010

La baja, por favor

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Siempre se ha dicho que la familia te la elige Dios, pero los amigos los eliges tú. Y es verdad, al menos por la parte que se refiere a los amigos. A mí, particularmente, me gusta elegirlos en función de sus cualidades, actitudes y profesiones. Es muy importante esto de las profesiones. No por nada, sino por puro interés, para qué les voy a mentir ahora después de tanto tiempo tratándonos. Tengo un amigo médico, otro carpintero, otro fontanero, otro electricista… Cuando les necesito, y es con frecuencia, para eso están los amigos. También tengo otro que es abogado. Abogado de los buenos, no de ésos que apenas saben decirte cómo rellenar una instancia, que los hay. Hace un tiempo le consulté sobre la manera más efectiva de darme de baja del internet móvil de Vodafone. No deseaba embarcarme en esa interminable tarea de llamar al teléfono de atención al cliente, de ese departamento te pasan a otro, y del otro al otro, y cuando parece que la cosa se pone a tiro, entonces te cortan la comunicación. “Manda un burofax”, me dijo, “da tus datos personales y de la línea y di que la causa por la que causas baja es porque te has quedado en paro, así no te molestarán”. Y es lo que hice.

Vana ilusión. Y eso que mandé el burofax con quince días de antelación, el 15 de octubre de 2009. Pagué la factura del mes completo a pesar de que ese día dejé de hacer uso del servicio. Me llaman: “Mire usted, que ha devuelto el recibo de noviembre”. Les explico todo. Al mes siguiente: “Que ha devuelto el recibo de diciembre”. Les vuelvo a explicar todo. Al mes siguiente: “Que le hemos cortado el servicio de manera preventiva, porque ya debe tres meses”. Otra vez explicación al canto. Vuelven las llamadas: “Que si no paga le metemos en una lista de morosos”, “que le vamos a denunciar”... Qué castigo. Aburrido, echo mano de mi amigo de Vodafone, que, cómo no, también lo tengo. Se llama Francisco Javier. Buen tío. Se lleva fotocopia de todo. Y nada. Siguen enviándome cartas amenazantes. Cualquier día me llega la del Juzgado. Tendré que nombrar abogado y procurador. Pero no tengo ningún amigo procurador. Qué problema.

sábado, 17 de abril de 2010

Ándalus Airlines

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra

A principios de 2007 una redactora del periódico “Actualidad Almanzora” tuvo la gentileza de acordarse de mí para incluirme en una ronda de opiniones sobre la importancia que iba a tener para la comarca, y para Almería en general, la autopista Vera-Cartagena, de inminente apertura. Se extrañó cuando le dije que sentía no poder responderle porque aún no tenía formada una opinión. “No le entiendo”, me dijo, “es la primera vez que me pasa hoy”. “Pues así es, no es desplante, es que no tengo formada una opinión, y no puedo ofrecerle lo que no tengo”. Intenté –de burda manera, claro está- que la periodista cayera en la cuenta de que mi opinión, si se la daba, iba a ir en un tono distinto a las que ya tenía recogidas, pero no conseguí que captara mi mensaje. Cuando salió el periódico, la unanimidad de las opiniones fue apoteósica, en el sentido, claro está, que todos imaginamos. Pues ahí la tienen, la autopista, a ver quién se la traga.

Más recientemente, cuando se produjo el lanzamiento –o relanzamiento- de Ándalus Airlines, nadie me llamó, afortunadamente, para conocer mi opinión. Si lo hubieran hecho, mi respuesta hubiera sido la misma. Tampoco iba a aguar ninguna fiesta. Me sorprendió, eso sí, la valentía empresarial de quienes se atrevían a poner en marcha una aerolínea “low cost” en unos momentos de crisis en el sector, motivada por la recesión económica, el encarecimiento de los precios del combustible y la fuerte competitividad. El fantasma de Air Madrid aún andaba volando por ahí, y no precisamente por los aeropuertos. Inevitablemente, llegué a la conclusión de que este proyecto era a medio y largo plazo y se contaban con las rentabilidades negativas de los primeros años. Por eso, esta situación de ahora me sorprende un poco. Pero, vista la seriedad y solvencia de quien está detrás –entre los que se encuentran nuestro paisano Tino y Cajagranada-, no dudo ni un segundo en la continuidad del proyecto. Algo distinto me sorprendería. Y mucho.

sábado, 10 de abril de 2010

¡Es la guerra!

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Allá por los años 80 conocí a quien era jefe de compras del Pryca, Fidel Peris. Me contó lo que le pasó con un lechero de La Cañada que le suministraba yogures frescos. El Pryca le pagaba 17 pesetas la unidad. Un día, el lechero sintió curiosidad por conocer el precio de venta de su producto y fue a la vitrina expositora. Su sorpresa fue enorme al encontrarse este rótulo: “Yogur de La Cañada: 15 ptas.”. Ni corto ni perezoso, nuestro hombre fue, de inmediato, en busca de Peris rogándole que le acompañara, que iba a mostrarle algo. Bajaron a donde estaban los yogures y con su dedo índice señaló el rótulo: “¿Qué, no ve nada raro en ese cartel?”, preguntó. Peris sabía por dónde venía el de La Cañada, pues ya había vivido situaciones similares, pero quiso darle coba: “Pues no, no veo nada raro, a ver… 15, su uno, su cinco…”. “¿Todo bien, pues?”. “Sí, sí, todo bien”. “Vale, pues usted perdone, don Fidel”. Y el lechero marchose aturdido.

Al cabo del tiempo volvió a la vitrina a ver si algo había cambiado. Nada: “Yogur de La Cañada: 15 ptas.”. Tanta intriga le inquietaba y no dudó en subir de nuevo las escaleras del despacho de Peris. “Usted perdone, don Fidel, dirá que soy un pesado, pero es que si no se lo pregunto reviento: ¿cómo puede vender a 15 ptas. lo que yo le vendo a 17?”. “Mi querido amigo –le respondió Peris-, me acaba de hacer una pregunta de compleja respuesta, tanto que si yo lo supiera no estaría aquí, en Almería, sino en París, que es donde se reúne el comité de expertos que se encarga de establecer los precios de todos nuestros establecimientos en Europa, y estos señores han acordado que su yogur se venda a 15 ptas. Más no le puedo decir”.

Pues algo parecido me está pasando a mí con los tipos de interés que ofrecen algunas entidades bancarias por nuestros ahorros. ¿Cómo nos pueden dar un 4 % cuando el euríbor está al 1 %? Se lo he preguntado a mi director de banco de cabecera, Paco Ridao, y ¿saben qué me ha contestado? “¡Es la guerra!”, dice. La guerra del pasivo, obviamente.

viernes, 2 de abril de 2010

Sobre mujeres

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

En este país nuestro convivimos 23.116.988 españoles y 23.628.819 españolas, según nos dice el Instituto Nacional de Estadística. O sea, que la cosa está más o menos repartida. Y debe ser verdad, pues si uno va al Paseo y lo sube y lo baja varias veces comprobará que la mitad de la gente que se encuentra, aproximadamente, son mujeres y la otra mitad son hombres. Si este mismo “trabajo de campo” lo hiciéramos en una ciudad de Afganistán, por ejemplo, el resultado sería distinto. Sólo nos chocaríamos con hombres. Pero no porque allí no haya las mismas mujeres, sino porque éstas se encuentran recluidas en sus casas sin libre capacidad de salir a la calle cuando les entre en gana.

Hace unos días, la prensa de Almería nos mostraba una foto panorámica de la asamblea general de Cajamar, celebrada en La Envía Golf. Era de Cajamar, pero igual podía ser del Santander, del BBVA o de Unicaja. Había, dicen, 600 socios. Hurgué en la foto y, entre tanto gentío, hallé una sola mujer. Y ni siquiera estoy seguro, pues bien podría tratarse de algún varón con larga cabellera. El hecho no ha despertado la atención de nadie. Ningún/ninguna comentarista ha escrito una línea. ¿Y por qué? Pues muy sencillo: para nada se ha perturbado nuestro ancestral concepto de la normalidad.

Ahora bien, que no se le ocurra a la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, tener algún desliz. Se lanzarán como buitres sobre ella. Y, lamentablemente, las primeras, sus congéneres. Ésas que claman que a las personas hay que elegirlas por su valía, no por su sexo. Desconozco cuál es el nivel intelectual o académico que se exige para ser compromisario de una entidad bancaria. Conociendo, como conozco, a algunos de la foto, no tengo duda: como ellos hay cientos, miles, de mujeres, tantas, por lo menos, como hombres. Entonces, ¿por qué persisten situaciones como ésta? Tengo una explicación, pero, lo siento, el espacio no me permite darla. Será otro día. Si me acuerdo.