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sábado, 20 de marzo de 2010

Las escuchas

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Se veía venir. En cuanto la juez instructora de la Operación Poniente pusiera fin, aún de forma parcial, al secreto del sumario iba a ser inevitable que ocurrieran dos cosas: la primera, que surgieran los juicios paralelos, y la segunda, que los dardos envenenados se lanzaran, de un lado hacia el otro y del otro hacia el uno, sin compasión ni piedad alguna. Y el pronóstico se ha cumplido. Y todo ello, cuando apenas se conoce una pequeña parte del sumario, la parte acotada a la transcripción de las conversaciones telefónicas, de escaso valor judicial, según se ha podido leer, posiblemente porque casi todos sabían que las líneas estaban intervenidas.

La mayoría de conversaciones telefónicas, como las que se mantienen de viva voz en la calle o en la barra de un bar, o en el mismo lecho conyugal, son informales por su propia naturaleza, y lo que en ellas se habla, por escandaloso y morboso que sea o que nos parezca, carece de valor si después no queda reflejado en hechos constatables y probados. Son, eso sí, una buena fuente de alimentación para el chismorreo y el cotilleo, ese chorro de energía vital que tanto nos gusta alimentar en este país nuestro.

Los ciudadanos, todos, sean políticos o no, tenemos que ser pacientes y respetar los tiempos de la justicia. Somos, en general, muy viscerales y tenemos cierta tendencia a establecer sentencias de condena con los mínimos indicios. Ahora mismo, en este asunto de la Operación Poniente, hay una realidad que no todo el mundo quiere aceptar, tal vez porque no satisface sus interesadas expectativas: entre los políticos sólo hay un imputado y está en la cárcel. Todos los demás están exentos de acusación judicial. Mañana puede ser distinto, pero hoy, es lo que hay. Si con la presunción de inocencia de quien está en la cárcel hay que ser respetuoso, más aún tenemos que serlo con quien ni siquiera ha sido molestado para declarar. Lo oí anteanoche en una tertulia en Onda Cero: “No está acusado, pero está implicado”. Me produce miedo esta perversión del lenguaje.