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miércoles, 10 de marzo de 2010

A doña Petronila

Querida Doña Nila: Me ha producido ternura enterarme, el domingo, al leer el artículo de su hijo Emilio, de que usted piensa que yo soy familiero, taurino, andaluz y devoto de la Virgen del Rosario. Si he de serle sincero, creo que, eso, es más una creación literaria de Emilio, sobre todo el retintín de lo de andaluz –lo fui, y con devoción, antes de que unos descerebrados nos convirtieran en irreal realidad nacional- pero, en todo caso, hago míos esos cuatro rasgos: es Vd. una buena retratista, y me hace ilusión, querida Dña. Nila, la idea de que lea usted estos articulillos.

Su Emilio es un buen zagal, aunque bien visto y pese a que es más joven que yo, ya, de zagalico, va teniendo poco. Nos conocemos desde hace muchos años, cuando los dos enloquecimos más de la cuenta y nos dio por meternos en política, él con éxito, pues ser Alcalde del pueblo de uno es lo más grande que en política se puede ser. Y, más, si ese pueblo es tan digno y hermoso como Los Gallardos.

Tuvimos, también, nuestros rifirrafes, cuando a Emilio le dio por no dejar títere con cabeza en el panorama cultural almeriense, pero no llegó la sangre al río. Y, al final, me redimió cuando, al comentar mi libro Memorias de una tierra dormida, vio en él y en mi conducta posterior una absoluta coherencia en la actitud levantisca ante la resignación tradicional de los almerienses.

Me ha hecho feliz saberla lectora mía y, con todo el cariño del mundo, le dedico esta columnilla; a lo mejor, de verdad, soy familiero, como Vd. dice o se inventa su hijo. ¡Ojala yo siga escribiendo para usted, y Vd. leyendo lo que escribo, durante toda la vida! Fausto Romero-Miura Jiménez.