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sábado, 27 de marzo de 2010

¡Vaya semanita!

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Lunes. Se presenta en sociedad el nuevo gobierno andaluz. Martín Soler está ausente. Dice que no se considera una víctima política. Siento decirlo, pero a Griñán le ha faltado sensibilidad para con nuestra provincia. Tampoco la tuvo unos días antes, cuando formó la Ejecutiva regional. Él verá lo que hace.

Martes. Mayor Oreja ve en Zapatero a un socio de ETA. Pobre hombre, no sabe qué hacer para verse en el Telediario.

Miércoles. Veo a Gabilondo en CNN+. Lo encuentro despistado, nervioso y aturdido. Sin garra ni reflejos. Recuerdo al Gabilondo de la Ser y, efectivamente, llego a la conclusión de que los años no pasan en balde. Una retirada a tiempo es a veces una victoria.

Jueves. Cajamar compra sedes a diestro y siniestro, la última en pleno Paseo de la Castellana, justo cuando todas las demás entidades hacen caja enajenando activos. Una curiosidad: ¿Son compra/compra o son daciones en pago de deuda?

Viernes. Hay que reconocer el titánico esfuerzo de Javier Arenas por llegar a ser algún día presidente de la Junta de Andalucía. Algunos de sus compañeros de partido no lo deben ver bien y no cejan en ponerle chinitas en el camino. La última, Esperanza Aguirre, reiterativa. “¡Ignoradnos, coño!”, debe gritarles de una vez.

Sábado. El Negratín no para de mandar agua del Guadalquivir al Almanzora. Las veinticuatro horas del día. Y no se ha declarado ninguna guerra. Lo racional no es disparatado, lo disparatado es lo irracional.

Domingo. Veo a Garzón en la antesala del banquillo de los acusados. Acusa a todo quisque de manifiesta enemistad, él, precisamente él, que no dudó en juzgar a manifiestos enemigos políticos. Es un buen juez, pero a veces quiere ejercer de sheryff. Y esto no es el Oeste.

sábado, 20 de marzo de 2010

Las escuchas

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Se veía venir. En cuanto la juez instructora de la Operación Poniente pusiera fin, aún de forma parcial, al secreto del sumario iba a ser inevitable que ocurrieran dos cosas: la primera, que surgieran los juicios paralelos, y la segunda, que los dardos envenenados se lanzaran, de un lado hacia el otro y del otro hacia el uno, sin compasión ni piedad alguna. Y el pronóstico se ha cumplido. Y todo ello, cuando apenas se conoce una pequeña parte del sumario, la parte acotada a la transcripción de las conversaciones telefónicas, de escaso valor judicial, según se ha podido leer, posiblemente porque casi todos sabían que las líneas estaban intervenidas.

La mayoría de conversaciones telefónicas, como las que se mantienen de viva voz en la calle o en la barra de un bar, o en el mismo lecho conyugal, son informales por su propia naturaleza, y lo que en ellas se habla, por escandaloso y morboso que sea o que nos parezca, carece de valor si después no queda reflejado en hechos constatables y probados. Son, eso sí, una buena fuente de alimentación para el chismorreo y el cotilleo, ese chorro de energía vital que tanto nos gusta alimentar en este país nuestro.

Los ciudadanos, todos, sean políticos o no, tenemos que ser pacientes y respetar los tiempos de la justicia. Somos, en general, muy viscerales y tenemos cierta tendencia a establecer sentencias de condena con los mínimos indicios. Ahora mismo, en este asunto de la Operación Poniente, hay una realidad que no todo el mundo quiere aceptar, tal vez porque no satisface sus interesadas expectativas: entre los políticos sólo hay un imputado y está en la cárcel. Todos los demás están exentos de acusación judicial. Mañana puede ser distinto, pero hoy, es lo que hay. Si con la presunción de inocencia de quien está en la cárcel hay que ser respetuoso, más aún tenemos que serlo con quien ni siquiera ha sido molestado para declarar. Lo oí anteanoche en una tertulia en Onda Cero: “No está acusado, pero está implicado”. Me produce miedo esta perversión del lenguaje.

sábado, 13 de marzo de 2010

¿Te gusta conducir?

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


A mí no, a mí no me gusta conducir. Entre ser piloto o copiloto, nunca he tenido duda: prefiero ir de acompañante antes que ir pegado al volante. No le encuentro atractivo alguno a eso de la velocidad, los rugidos del motor o los cambios de marcha. Sí se lo encuentro a la contemplación del paisaje y los entornos de las carreteras. No obstante, sé que esta posición mía es minoritaria, pues a casi todo el mundo le encanta conducir. Y ya digo, no lo entiendo, con la cantidad de cosas que se pueden ver desde un coche. Dice la gente dice que es que conducir les relaja. ¿Pues tan excitados estamos?

“¿Te gusta conducir?” es la original pregunta publicitaria con la que BMW nos ha bombardeado durante muchos meses. Pues parece que como no cambie de plan, al menos en Almería, a más de uno se le van a quitar las ganas. Es incomprensible y bochornosa la situación que vive esta marca en nuestra provincia. Una crisis económica la puede padecer cualquier empresa, y hoy, tal como está la situación, nadie está libre de peligro. Lo inadmisible es que una marca como ésta, de coches de alta gama y, por ende, de alto precio, deje ver arrastrado su prestigio por las dificultades de un concesionario. El problema se está prolongando más de la cuenta, y la empresa matriz sigue sin tomar medida alguna. Tanta es la desidia que en la campaña de lanzamiento del nuevo BMW X1 invitan a verlo en las exposiciones de Antas y El Ejido. Ni siquiera saben que estas dos sucursales cerraron hace tiempo. Y cualquier tontería que haya que hacerle al coche te dicen que vayas a Lorca, el concesionario más próximo. Es intolerable esta respuesta a quien se ha gastado cuarenta o cincuenta mil euros en un turismo y exige unos servicios acorde con este nivel.

¿Te gusta conducir?, preguntáis. Pues no, señores de BMW, me habéis quitado la gana por vuestra incompetencia.

miércoles, 10 de marzo de 2010

A doña Petronila

Querida Doña Nila: Me ha producido ternura enterarme, el domingo, al leer el artículo de su hijo Emilio, de que usted piensa que yo soy familiero, taurino, andaluz y devoto de la Virgen del Rosario. Si he de serle sincero, creo que, eso, es más una creación literaria de Emilio, sobre todo el retintín de lo de andaluz –lo fui, y con devoción, antes de que unos descerebrados nos convirtieran en irreal realidad nacional- pero, en todo caso, hago míos esos cuatro rasgos: es Vd. una buena retratista, y me hace ilusión, querida Dña. Nila, la idea de que lea usted estos articulillos.

Su Emilio es un buen zagal, aunque bien visto y pese a que es más joven que yo, ya, de zagalico, va teniendo poco. Nos conocemos desde hace muchos años, cuando los dos enloquecimos más de la cuenta y nos dio por meternos en política, él con éxito, pues ser Alcalde del pueblo de uno es lo más grande que en política se puede ser. Y, más, si ese pueblo es tan digno y hermoso como Los Gallardos.

Tuvimos, también, nuestros rifirrafes, cuando a Emilio le dio por no dejar títere con cabeza en el panorama cultural almeriense, pero no llegó la sangre al río. Y, al final, me redimió cuando, al comentar mi libro Memorias de una tierra dormida, vio en él y en mi conducta posterior una absoluta coherencia en la actitud levantisca ante la resignación tradicional de los almerienses.

Me ha hecho feliz saberla lectora mía y, con todo el cariño del mundo, le dedico esta columnilla; a lo mejor, de verdad, soy familiero, como Vd. dice o se inventa su hijo. ¡Ojala yo siga escribiendo para usted, y Vd. leyendo lo que escribo, durante toda la vida! Fausto Romero-Miura Jiménez.

sábado, 6 de marzo de 2010

Es duro este oficio

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Es duro este oficio. El de columnista, digo. No es que sea difícil, que fácil es. Sólo es cuestión de aprenderse un par de reglas gramaticales y buscar cuatro o cinco palabras que den el pego. Duro es otra cosa. Las complicaciones vienen el día siguiente, cuando se publica el artículo. “Está en un error”, me advirtió el otro día un lector. “No”, le respondí, “soy un error, que es distinto”. Se quedó, el hombre, confundido creyendo que iba a entrar al trapo. Quien peor me hace pasarlo es mi madre, que con 93 años aún cree que la imparcialidad existe. El caso de mi madre es para contarlo. Yo, antes, para despistarla, publicaba estos articulillos un día indeterminado de la semana, y le pasaban inadvertidos. Ahora, como Torrijos descansa los domingos, ahí me han colocado, cubriendo hueco. Menudo honor cubrir a Torrijos. Ella se ha dado cuenta y lo primero que hace cada domingo, antes incluso de la misa de La 2, es mandar a Cristina, su asistenta, a por el periódico. A eso de las once es la visita filial, y ya me tiene preparado el repertorio. “Cada vez me tienes más confundida, hijo”, me ha soltado esta vez, “hasta con Zapatero te metes”. Y es que mi madre es muy zapaterista. Antes fue aznarista. Y antes felipista, y antes suarista… siempre es de quien le da la paga. “Tiene este periódico –ha seguido- ilustres articulistas y no aprendes de ellos. Ni de Jose Fernández, tan imparcial, tan equidistante, tan objetivo, tan apartidista… ni de Fausto Romero, tan familiero, tan taurino, tan andaluz, tan devoto de la Virgen del Rosario… ni de don José, tan cariñoso con las cosas importantes de la vida…” Le digo que es que mi ídolo es Kayros, y va y me salta: “Ése no, hijo, por Dios, que es ateo”. “Mamá, si es, o fue, no sé, cura”. “¡Pues eso!” Mi madre, a veces, es más peligrosa que la misma madre de Tony Soprano. De verdad, es duro este oficio.