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sábado, 6 de febrero de 2010

Pagar un cheque

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

No sé si usted, querido lector, ha oído contar el caso de ese señor que, abrumado por las deudas, fue a un banco, abrió una cuenta con unos pocos euros y pidió un talonario de pagarés. A cada deudor que iba a exigirle su dinero le complacía con un pagaré. Al cabo del tiempo, el director del banco empezó a ver cómo iban llegando pagarés, que no podía atender por falta de saldo. Fue en busca de su cliente y le comunicó la incidencia: “Pues que están llegando muchos pagarés –le dijo- y hemos visto que se le ha olvidado ingresar dinero en la cuenta”. Nuestro hombre, ni corto ni perezoso, reaccionó con rapidez: “Uff, es que se me ha olvidado pasar por allí, pero no se preocupe, ya que está usted aquí, tome este pagaré y atienda todo lo que ha llegado”. Y le extendió al director del banco otro pagaré.

La anécdota es lo suficientemente buena para ilustrarnos sobre la poca importancia que se le da en España al hecho de devolver un cheque, un pagaré o una letra de cambio. No conozco con detalle el valor que esta circunstancia tiene en otros países europeos, pero sí me consta, porque lo he podido comprobar, que un ciudadano inglés, de ésos que tantos tenemos entre nosotros, cuando te entrega un cheque, ese cheque normalmente se atiende. En Suiza, me dicen, como se te ocurra devolver uno, va la policía a tu casa y te lleva detenido. En España, devolver un cheque es poco menos que un deporte nacional. A tal punto se ha llegado que, hoy en día, atender un cheque casi se ha convertido en un hecho excepcional. Lo normal es lo contrario, que se devuelva. No somos, en este sentido, un país serio. Y, para colmo, los bancos, cada vez que te devuelven impagado uno de estos documentos, te cobran nada menos que el cinco por ciento de comisión. Ellos, haya dinero o no haya dinero, siempre ganan.