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lunes, 22 de febrero de 2010

El Feil y el Proteja, un alivio para los ayuntamientos y el empleo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra

El acuerdo del Consejo de Ministros de 28 de noviembre de 2008 aprobando una partida de 8.000 millones de euros para que el Ministerio de Administraciones Públicas gestionara un programa de actuaciones urgentes de los ayuntamientos en inversiones especialmente generadoras de empleo no tenía precedente alguno en la historia de nuestro país. El decreto–ley establecía una serie de condiciones que lo hacía especialmente novedoso y atractivo para las corporaciones locales. La primera, que el dinero se iba a repartir atendiendo a criterios objetivos como el del padrón de habitantes; la segunda, que iban a ser los propios municipios quienes decidieran el fin de las inversiones; la tercera, que también iban a ser los ayuntamientos quienes redactaran el proyecto, licitaran las obras y controlaran el cumplimiento de las condiciones exigidas; la cuarta, que tenían que ser obras no consignadas presupuestariamente, es decir, tenían que ser de nueva planificación; la quinta, que nada más comunicada al MAP la adjudicación de la obra, se transfería a los ayuntamiento el setenta por ciento de la inversión, completando el resto una vez que ésta se justificaba; la sexta, que eran obras de realización inmediata, pues debían de estar ejecutadas antes de fin del primer trimestre de 2010; la séptima, que los contratistas iban a cobrar sus certificaciones al mes de la expedición, y la séptima, que los corporaciones locales, al contrario de lo que suele hacerse en la mayoría de los planes extraordinarios de inversiones, no tenían que aportar de sus propios fondos ni un solo euro, si acaso los honorarios de redacción de proyectos y de direcciones de obra, cuestiones que el decreto no dejaba claras del todo y que, dicho sea de paso, cada ayuntamiento ha sorteado de mejor o peor manera.

Quince días después, la Junta de Andalucía creó un plan complementario al Fondo Estatal de Inversión Local (Feil) poniendo a disposición de las corporaciones locales otros 300 millones de euros dentro del denominado Programa de Transición al Empleo de la Junta de Andalucía (Proteja), de similares características al estatal. En este caso, las únicas diferencias apreciables estribaban en el criterio de distribución de fondos, computándose el criterio de tasa de desempleo, y en el establecimiento de ciertas pautas en la selección del personal de nueva contratación.

¿Qué suponían, a efectos prácticos, estas dos decisiones gubernamentales? Pues, para reflejarlo de forma gráfica, situémonos en el lugar de todos y cada uno de los alcaldes de nuestros pueblos y ciudades. Imaginemos que un día, el alcalde de Almería recibe una llamada de teléfono y le dicen algo así como: “Alcalde, que tienes aquí, a tu disposición, 33 millones de euros para que los inviertas en tu ciudad, pero ya, corriendo, en un año”. O que el de Roquetas de Mar recibe la misma llamada ofreciéndole 13 millones, y 14 a El Ejido, y 4 a Vícar, y 2 a Albox… Era mucho, mucho, dinero. Es una expresión manida, pero era una lluvia de millones. Y en una situación especialmente delicada para los ayuntamientos, que veían cómo sus ingresos diezmaban de manera notable por la recesión de la promoción inmobiliaria y el deterioro de la recaudación municipal a causa de las dificultades de muchas familias. Situación que, en el caso de la mayoría de los ayuntamientos, iba a conducir irremediablemente al incumplimiento de muchas promesas electorales en cuanto a inversiones en obras de nueva construcción.

No por eso, las medidas iban a estar exentas de críticas. Creo, y es mi opinión, que las que venían de la oposición política se hacían con la boca pequeña, como para cubrir el expediente, pues no en vano sus ayuntamientos iban a ser los que más dinero iban a recibir. Había otros temores más fundados, tales como el de la capacidad de los ayuntamientos pequeños para desarrollar un programa como éste en tan escaso tiempo. Fue rápido de reflejos, en el caso de Almería, el presidente de la Diputación Provincial, Juan Carlos Usero, cuando puso a disposición de todos los ayuntamientos de la provincia un equipo de técnicos para asesorarles en todo el trámite de la obra, desde la realización del proyecto hasta la licitación, adjudicación, ejecución y dirección.

Una vez que las obras tanto del Feil como del Proteja han llegado a su culminación casi total, me gustaría hacer una valoración de su efectividad, que, siempre desde mi punto de vista, ha sido absolutamente positiva. Sobre todo, por dos cuestiones. La primera, porque, como ya he dicho, en momentos de precariedad económica los alcaldes necesitaban de un estímulo como éste para cumplir con sus compromisos y obligaciones de intentar ofrecernos unos pueblos y ciudades más habitables y modernos dotándolos de las infraestructuras adecuadas. Y la segunda, por la incidencia que ha tenido en el empleo en unos momentos en los que las tasas de paro no paraban de crecer. Se estiman en torno a 400 mil los empleos directos generados por el Feil en todo el territorio nacional, de los que más de 5.000 corresponden a la provincia de Almería, en este caso también por la adición del Proteja. Algunas opiniones malintencionadas han echado mano de la calculadora para establecer un cociente entre el volumen de la inversión y el número de puestos de trabajo creados, llegando a la conclusión de que cada empleo ha costado una millonada. Es una interpretación malévola porque la pretensión del Feil y el Proteja, a diferencia de fondos donde priman más la inversión en salarios, como puede ser el antiguo PER, ahora AEPSA, no era solo cubrir unas necesidades de creación de empleo, sino dotar a los municipios de unas infraestructuras que en condiciones normales era imposible de llevar a cabo. Es posible que algún ayuntamiento no haya dado a estos fondos el uso más adecuado –ésa es una interpretación que tienen que hacer sus vecinos, pues lo que a unos puede parecer una inversión adecuada a otros puede parecer inadecuada- pero no hay que estar ciegos para ver que, estos meses, en nuestros pueblos y ciudades algo es distinto. Y Almería capital es un buen ejemplo. Se ha cambiado la tez de nuestros pueblos, se ha paliado el efecto del desempleo y se ha activado un sector como el de la construcción que andaba moribundo, ¿no es suficiente para poner el cartel de misión cumplida?
(Este artículo ha sido publicado en el Anuario 2009 de La Voz de Almería, distribuido con el diario el día 19 de febrero de 2010).