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sábado, 27 de febrero de 2010

28-F


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

Es 28 de febrero. 28-F. Día de Andalucía. Me llama mi amiga la becaria de la Ser y me incluye en su ronda de opiniones sobre los treinta años de autonomía. Esta vez hago una excepción: no deseo respuesta de cumplimiento y le pido cuestionario y tiempo. “Tiempo, el de siempre –me dice-, dos minutos; cuestionario, son tres preguntas: cómo vivió aquel día de 1980, qué balance hace de estos treinta años de autogobierno y qué nota le pondría de cero a diez y, por último, cómo ve el futuro de Andalucía”. Quedo en llamarla rápido, pero, incomprensiblemente, me atasco en eso de ponerle nota al tema. Pienso en algunas cosas y le pondría un once, pero pienso en otras y no pasaría del -1. Me tomo el asunto muy en serio. “Echa sinceridad, Emilio”, me digo. Y se la echo.

“Viví aquel día, y los anteriores, con mucha intensidad. Fui el autor gráfico de todas las pancartas que colgaban en las calles de mi pueblo pidiendo el voto afirmativo como respuesta a aquella farragosa pregunta y no dejé vivienda alguna sin llevar la papeleta del sí. La respuesta del electorado me dejó un tanto desilusionado. ¿Una nota ahora? 6,75. Cierro los ojos y me detengo en la imagen gráfica de aquel tiempo, que aún tengo presente. No hay parangón. El referéndum no solo abrió un camino de ilusión; también afloró nuestra autoestima, situada a ras de suelo. El progreso es notorio, brutal, pero, siendo sinceros, tampoco esperaba encontrarme con este millón de parados ni esta neocentralización administrativa. ¿Qué espero de los próximos años? Creo que el camino hacia la España federal no tiene retorno, nos guste más o nos guste menos. En ese Estado Federal el país llamado Andalucía es de los que tienen el horizonte más despejado. Nuestras potencialidades siguen siendo enormes. Podemos seguir soñando. Para nuestra tranquilidad”.

lunes, 22 de febrero de 2010

El Feil y el Proteja, un alivio para los ayuntamientos y el empleo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra

El acuerdo del Consejo de Ministros de 28 de noviembre de 2008 aprobando una partida de 8.000 millones de euros para que el Ministerio de Administraciones Públicas gestionara un programa de actuaciones urgentes de los ayuntamientos en inversiones especialmente generadoras de empleo no tenía precedente alguno en la historia de nuestro país. El decreto–ley establecía una serie de condiciones que lo hacía especialmente novedoso y atractivo para las corporaciones locales. La primera, que el dinero se iba a repartir atendiendo a criterios objetivos como el del padrón de habitantes; la segunda, que iban a ser los propios municipios quienes decidieran el fin de las inversiones; la tercera, que también iban a ser los ayuntamientos quienes redactaran el proyecto, licitaran las obras y controlaran el cumplimiento de las condiciones exigidas; la cuarta, que tenían que ser obras no consignadas presupuestariamente, es decir, tenían que ser de nueva planificación; la quinta, que nada más comunicada al MAP la adjudicación de la obra, se transfería a los ayuntamiento el setenta por ciento de la inversión, completando el resto una vez que ésta se justificaba; la sexta, que eran obras de realización inmediata, pues debían de estar ejecutadas antes de fin del primer trimestre de 2010; la séptima, que los contratistas iban a cobrar sus certificaciones al mes de la expedición, y la séptima, que los corporaciones locales, al contrario de lo que suele hacerse en la mayoría de los planes extraordinarios de inversiones, no tenían que aportar de sus propios fondos ni un solo euro, si acaso los honorarios de redacción de proyectos y de direcciones de obra, cuestiones que el decreto no dejaba claras del todo y que, dicho sea de paso, cada ayuntamiento ha sorteado de mejor o peor manera.

Quince días después, la Junta de Andalucía creó un plan complementario al Fondo Estatal de Inversión Local (Feil) poniendo a disposición de las corporaciones locales otros 300 millones de euros dentro del denominado Programa de Transición al Empleo de la Junta de Andalucía (Proteja), de similares características al estatal. En este caso, las únicas diferencias apreciables estribaban en el criterio de distribución de fondos, computándose el criterio de tasa de desempleo, y en el establecimiento de ciertas pautas en la selección del personal de nueva contratación.

¿Qué suponían, a efectos prácticos, estas dos decisiones gubernamentales? Pues, para reflejarlo de forma gráfica, situémonos en el lugar de todos y cada uno de los alcaldes de nuestros pueblos y ciudades. Imaginemos que un día, el alcalde de Almería recibe una llamada de teléfono y le dicen algo así como: “Alcalde, que tienes aquí, a tu disposición, 33 millones de euros para que los inviertas en tu ciudad, pero ya, corriendo, en un año”. O que el de Roquetas de Mar recibe la misma llamada ofreciéndole 13 millones, y 14 a El Ejido, y 4 a Vícar, y 2 a Albox… Era mucho, mucho, dinero. Es una expresión manida, pero era una lluvia de millones. Y en una situación especialmente delicada para los ayuntamientos, que veían cómo sus ingresos diezmaban de manera notable por la recesión de la promoción inmobiliaria y el deterioro de la recaudación municipal a causa de las dificultades de muchas familias. Situación que, en el caso de la mayoría de los ayuntamientos, iba a conducir irremediablemente al incumplimiento de muchas promesas electorales en cuanto a inversiones en obras de nueva construcción.

No por eso, las medidas iban a estar exentas de críticas. Creo, y es mi opinión, que las que venían de la oposición política se hacían con la boca pequeña, como para cubrir el expediente, pues no en vano sus ayuntamientos iban a ser los que más dinero iban a recibir. Había otros temores más fundados, tales como el de la capacidad de los ayuntamientos pequeños para desarrollar un programa como éste en tan escaso tiempo. Fue rápido de reflejos, en el caso de Almería, el presidente de la Diputación Provincial, Juan Carlos Usero, cuando puso a disposición de todos los ayuntamientos de la provincia un equipo de técnicos para asesorarles en todo el trámite de la obra, desde la realización del proyecto hasta la licitación, adjudicación, ejecución y dirección.

Una vez que las obras tanto del Feil como del Proteja han llegado a su culminación casi total, me gustaría hacer una valoración de su efectividad, que, siempre desde mi punto de vista, ha sido absolutamente positiva. Sobre todo, por dos cuestiones. La primera, porque, como ya he dicho, en momentos de precariedad económica los alcaldes necesitaban de un estímulo como éste para cumplir con sus compromisos y obligaciones de intentar ofrecernos unos pueblos y ciudades más habitables y modernos dotándolos de las infraestructuras adecuadas. Y la segunda, por la incidencia que ha tenido en el empleo en unos momentos en los que las tasas de paro no paraban de crecer. Se estiman en torno a 400 mil los empleos directos generados por el Feil en todo el territorio nacional, de los que más de 5.000 corresponden a la provincia de Almería, en este caso también por la adición del Proteja. Algunas opiniones malintencionadas han echado mano de la calculadora para establecer un cociente entre el volumen de la inversión y el número de puestos de trabajo creados, llegando a la conclusión de que cada empleo ha costado una millonada. Es una interpretación malévola porque la pretensión del Feil y el Proteja, a diferencia de fondos donde priman más la inversión en salarios, como puede ser el antiguo PER, ahora AEPSA, no era solo cubrir unas necesidades de creación de empleo, sino dotar a los municipios de unas infraestructuras que en condiciones normales era imposible de llevar a cabo. Es posible que algún ayuntamiento no haya dado a estos fondos el uso más adecuado –ésa es una interpretación que tienen que hacer sus vecinos, pues lo que a unos puede parecer una inversión adecuada a otros puede parecer inadecuada- pero no hay que estar ciegos para ver que, estos meses, en nuestros pueblos y ciudades algo es distinto. Y Almería capital es un buen ejemplo. Se ha cambiado la tez de nuestros pueblos, se ha paliado el efecto del desempleo y se ha activado un sector como el de la construcción que andaba moribundo, ¿no es suficiente para poner el cartel de misión cumplida?
(Este artículo ha sido publicado en el Anuario 2009 de La Voz de Almería, distribuido con el diario el día 19 de febrero de 2010).

sábado, 20 de febrero de 2010

Ante Zapatero flipa Rajoy

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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No sé si hoy, domingo, alguno de los grandes periódicos nacionales nos ofrecerá uno de esos sondeos electorales que nos venden de vez en cuando. Posiblemente sí, y seguro que sus conclusiones desmontarán mis apreciaciones, equivocadas como casi siempre. La sensación personal que yo tenía, hace tan solo quince o veinte días, era que la vuelta al gobierno del Partido Popular había tomado un camino sin retorno que solo podía torcerse por alguna concatenación de errores propios. Unos días después, algo me dice que ese camino no está ya tan llano como parecía. ¿Y qué ha pasado para eso? Pues no mucho, la verdad, tan solo una especie de mini-debate de Estado de la Nación que el PP no ha sabido valorar y la actuación desmedida de un ex-presidente que sigue empeñado en robar portadas a quien él mismo propuso como sucesor.

Rodríguez Zapatero es –voy a decirlo de manera brusca, pero no con desprecio, sino con admiración- un animal político camaleónico. Tiene una capacidad asombrosa para reinventarse. Cada día nos sorprende con algo nuevo. Vino de la cumbre de Davos noqueado y sin apenas poder contener la respiración y tan solo unos días después se ha paseado por el Congreso de los Diputados con tanto honor como gloria y hasta ha retornada a la vieja Europa a decirle a quienes antes le maltrataron que su país no sólo no anda tocado y hundido sino que aún dispone de pulmón suficiente para echarle el salvavidas a otros que puedan estar ahogándose. Rajoy flipa ante la situación, pero olvida que al electorado no se le atrae machacándole con datos de la EPA, del INE o del INEM, sino transmitiéndole esperanza, buena disposición y mejor talante. Sí, sí, he dicho talante, ese objeto de deseo que él convierte en mofa y que ZP tanto cuida. Y Aznar tanto desprecia.

sábado, 13 de febrero de 2010

En avión a Sevilla

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Diecisiete años después, este jueves he vuelto a Sevilla en avión. De aquel vuelo guardo un amargo recuerdo: a Binter Mediterráneo no se le ocurrió mejor idea que cancelar la línea sin traernos de vuelta. Fuimos catorce pasajeros a Sevilla y allí nos dejó. El inolvidable Manolo Falces, compañero de viaje, y yo coincidimos en ir al aeropuerto de San Pablo con bastante antelación para tomar el vuelo de regreso. “Lo sentimos, pero ha sido cancelado”. “¿El vuelo?”. “No, no, la línea”. Maldita gracia que nos hizo. Y suerte que llegamos con tiempo suficiente para tomar un vuelo para Madrid y aquí enlazar con otro para Almería. Fuimos los dos únicos que pudimos volver volando a Almería, aunque fuera vía Madrid. Los otros –creo que iba también José María Ortega, delegado entonces de Cultura- tuvieron que volver en taxis.

La experiencia esta vez ha sido mucho más agradable. Y sorprendente: no esperaba tanta ocupación. Se dijo, en la presentación del vuelo, que las estimaciones de ocupación eran del 35 % el primer año para llegar a 2013 con un 50 %. El vuelo del jueves llevaba en la ida más de cuarenta personas y en la vuelta solamente se veían tres o cuatro huecos en los asientos. El CRJ 200 es de 50 plazas. Al mostrarle mi grata sorpresa al senador Diego Asensio, también en el vuelo, me dijo que esa era la tónica diaria. De verdad que me alegré. Los 422 kilómetros que separan a Almería de Sevilla por carretera son una pesadez para hacer la ida y vuelta en el mismo día. En avión son 50 minutos.

Por poner algún reparo, me gustaría hacer una sugerencia: ¿no habría posibilidad de racionalizar un poquitín el horario del primer vuelo? El de Sevilla-Almería (ida 8,40 y vuelta 20,05) es el idóneo. El de Almería-Sevilla (ida 7,10 y vuelta 21,35) a quien mejor le viene es a El Corte Inglés.

sábado, 6 de febrero de 2010

Anda revuelto el patio

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Anda revuelto el patio. Y no está mal, está bien. Lo anormal no es esto, es lo otro: se acumulaban los problemas, y el gobierno, impasible el ademán. Ha tenido que llegar, para reaccionar, la semana horríbilis; a saber: 4,3 millones de parados, cuatro de cada diez jóvenes en desempleo, economía en recesión durante siete trimestres consecutivos, déficit público en el 11,4 %... ¡Despierta, José Luis!, dijeron en Davos. Y ZP despertó, vaya si despertó. No le dio tiempo ni a deshacer las maletas, y, mucho menos, a avisar a Celestino, que en ese instante le cogía en la imprenta del boletín del Ministerio pregonando que nunca jamás se tocaría la edad de jubilación. Necesidades mandan, dicen que le dijo el Presidente. No siempre podemos hacer lo que deseamos hacer, sino lo que debemos hacer. Es la responsabilidad del gobernante.

Era un secreto a voces que el sistema público de pensiones, que, gracias a la gestión de este -y del anterior y del anterior del anterior- gobierno, tiene una salud envidiable, no podrá continuar en el futuro en el mismo estado saludable si no se le administra alguna vacuna preventiva. No han gustado las formas, pero el fondo… en el fondo todo el mundo sabe que algo hay que hacer, que ese inmovilismo que algunos pregonan a donde únicamente conduce es a la quiebra del sistema. Ha sabido, la generación presente, preservar el bienestar de quienes nos precedieron en el mundo laboral ofreciéndoles un retiro digno. Es obligación de quienes nos sucedan preservar la dignidad de nuestro propio retiro. Es ley de vida. Es ley de justicia. Y es obligación del gobierno velar por que la cadena no ceda porque algún eslabón hemos dejado suelto.

Pagar un cheque

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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No sé si usted, querido lector, ha oído contar el caso de ese señor que, abrumado por las deudas, fue a un banco, abrió una cuenta con unos pocos euros y pidió un talonario de pagarés. A cada deudor que iba a exigirle su dinero le complacía con un pagaré. Al cabo del tiempo, el director del banco empezó a ver cómo iban llegando pagarés, que no podía atender por falta de saldo. Fue en busca de su cliente y le comunicó la incidencia: “Pues que están llegando muchos pagarés –le dijo- y hemos visto que se le ha olvidado ingresar dinero en la cuenta”. Nuestro hombre, ni corto ni perezoso, reaccionó con rapidez: “Uff, es que se me ha olvidado pasar por allí, pero no se preocupe, ya que está usted aquí, tome este pagaré y atienda todo lo que ha llegado”. Y le extendió al director del banco otro pagaré.

La anécdota es lo suficientemente buena para ilustrarnos sobre la poca importancia que se le da en España al hecho de devolver un cheque, un pagaré o una letra de cambio. No conozco con detalle el valor que esta circunstancia tiene en otros países europeos, pero sí me consta, porque lo he podido comprobar, que un ciudadano inglés, de ésos que tantos tenemos entre nosotros, cuando te entrega un cheque, ese cheque normalmente se atiende. En Suiza, me dicen, como se te ocurra devolver uno, va la policía a tu casa y te lleva detenido. En España, devolver un cheque es poco menos que un deporte nacional. A tal punto se ha llegado que, hoy en día, atender un cheque casi se ha convertido en un hecho excepcional. Lo normal es lo contrario, que se devuelva. No somos, en este sentido, un país serio. Y, para colmo, los bancos, cada vez que te devuelven impagado uno de estos documentos, te cobran nada menos que el cinco por ciento de comisión. Ellos, haya dinero o no haya dinero, siempre ganan.