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domingo, 13 de diciembre de 2009

Yo, mi, me, conmigo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Los que empleamos parte de nuestro tiempo en escribir en los periódicos no nos resistimos a la tentación de hacerlo, de vez en cuando, en primera persona del singular. En el fondo, somos unos vanidosos, y ello a pesar de lo que dijo Pascal: “El yo es odiable”. Mi padre me advirtió, de pequeñito, que es de mala educación hablar de uno mismo y de muy mala educación hablar bien de uno mismo. Él, para eso, era muy reservado. “Lo bueno que se tenga que decir de ti, que lo digan los demás”. Un día me sentí incómodo con esta forma de ser. Me llevaba, para dejarme, en un taxi, al Colegio Diocesano. Viajaba con nosotros Antonio Peregrín, secretario del Ayuntamiento del pueblo. Como dos horas de camino daban para mucho, las conversaciones derivaban por todos los senderos. En un momento, mi padre le preguntó a Antonio por los estudios de sus hijos. Antonio era un hombre muy honrador de lo suyo, y no ahorró en elogios hacia sus dos vástagos. La réplica era obligada: “¿Y los tuyos, José?”. Se me encendieron las alarmas. Yo esperaba una respuesta vaga, al estilo de “ahí van” o “ya ves”. Qué va, echó mano del libreto habitual: “Éste, el pequeño, es un vago; el de en medio, un bala, y el grande, capital rematado”. Aquella respuesta de mi padre me destrozó, anímicamente hablando se entiende. Y más porque sabía que, puestos en una balanza los hijos del secretario y los de mi padre, el platillo no se inclinaba hacia aquel lado. Ni mucho menos.

Ahora, cuando oigo hablar a José Bono, me acuerdo de mi padre. Este hombre, cada problema, cada situación, la revierte en primera persona. Con el asunto éste del aborto se está pasando un poquitín. Es verdad que tienen un problemón los diputados católicos que van a votar afirmativamente la ley. Pero es “su” problema, no el problema de la ciudadanía en general. A tal punto ha llegado el dislate que hasta la vicepresidenta de la Vega nos tiene que recordar que “los pecados no forman parte del código penal”. Gracias, señora, por iluminarnos.