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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Diego Cervantes: el adiós de un perdedor

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

Tiene tela el titular. Pero que nadie se llame a engaño: Es para llamar la atención. Diego Cervantes no sólo no ha sido un perdedor, sino que ha sido un auténtico triunfador político. Tiene razón Esteban, su sustituto; va a ser difícil superar listón tan alto. Ha sido uno de los concejales más brillantes que ha tenido el ayuntamiento de la capital desde las primeras elecciones. Como gestor, el poco tiempo que estuvo, fue coherente al máximo. Es difícil, casi imposible, mantener un mismo discurso en la oposición y en el gobierno. Él lo mantuvo. Cervantes pasó de un escalafón al otro y del otro al uno –oposición, gobierno, oposición- sin los sobresaltos propios de la distinta responsabilidad. Su última etapa, ésta, nos ha dejado la estela de un hombre brillante en la exposición de sus criterios. Una brillantez que ha adornado dedicando el tiempo preciso a cada asunto. Nunca se le vio entregar un examen en blanco, y eso no sólo se consigue con habilidad dialéctica, sino a base de trabajo.

No obstante, tiene también el titular su pequeño punto de justificación. Es una pena que gente como Cervantes tengan su residencia en partidos que viven casi en la marginalidad. En las últimas elecciones municipales, IU no sólo no recogió cosecha de quien hizo una buena labor, sino que, incluso, bajó en votos. Debe ser decepcionante para alguien que tiene conciencia de haber hecho bien su trabajo ver cómo el electorado le da la espalda. Anguita lo dijo: “Ahorraros vuestros aplausos y dadme vuestros votos”. La gente va a lo práctico. Y los partidos minoritarios caminan hacia la oposición o, en el mejor de los casos, a ver si les toca la lotería y un grande les necesita de apéndice. Triste sino. Y pobre aspiración para quien sabe que, hoy día, políticamente no eres nadie si no tienes capacidad de enviar al menos un edicto a un boletín oficial. Para que no haya dudas, rectifico el titular: No es el adiós de un político perdedor. Es el adiós de un político desaprovechado.