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lunes, 2 de noviembre de 2009

Cual trofeos de caza

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Pregunta: ¿Qué posibilidades tiene de escapar de la justicia un señor que: a) está rodeado de decenas de policías, b) pesa cerca de un centenar de kilos, c) tiene en torno a setenta años de edad, y d) se le caen los pantalones tras haber sido desprovisto de su cinturón? Respuesta: Ninguna. Cero. 0,0. Entonces, ¿a qué viene este lamentable show montado a las puertas de la Audiencia Nacional, exhibiendo a estas personas, implicadas en el Caso Pretoria, cual si de trofeos de caza se tratara?

Hay dos principios básicos de un Estado de derecho que nos hemos cargado de un plumazo: Uno, que estas personas, igual que otras que han tenido el mismo tratamiento, son inocentes hasta tanto no haya sentencia judicial firme que los condene, y otro, que, independientemente de su inocencia o culpabilidad, merecen un tratamiento acorde con la dignidad de la condición a la que pertenecen. Y no me refiero, claro, a su condición de políticos, sino simple y llanamente a su condición de seres humanos, de ciudadanos de un mundo civilizado. En cualquier país moderno, hasta los animales están protegidos de tratos vejatorios, ¿por qué a veces con las personas adoptamos estas posturas tan lamentables?

Muchas de estos acusados, la mayoría seguramente, serán en su día condenados tras ser juzgados por apoderarse de unos bienes que los demás ciudadanos les hemos entregado para que administren en nuestro nombre. Y deberán pagar, y pagarán, por ello. Pero es posible que también haya alguno que, tras pasar por este calvario, salga indemne por no haber hecho nada ilegal. En este caso, ¿quién repara el daño producido a él y a su familia? ¿Cómo curamos las huellas dejadas por el escarnio y la exposición pública? Me parece que este tema, como otros muchos, se nos está yendo de las manos.