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sábado, 3 de octubre de 2009

Entre el AVE, el mármol y los subcontratistas

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

Hay una verdad verdadera: Es incuestionable la importancia que tiene el sector del mármol para la provincia de Almería. Algunos datos: facturación anual de más de 700 millones de euros, más de 300 empresas, casi 7.000 trabajadores con empleo directo, producción superior a los dos millones de toneladas -lo que se aproxima a la mitad de la producción nacional-, 14 municipios con una economía dependiente básicamente del sector, en torno al 5 % del P. I. B. provincial… Esta dichosa crisis que padecemos va a deteriorar enormemente estos datos y por ello está más que justificado el interés de las administraciones públicas por intentar salvar la situación. En lo que va de año, la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa ha concedido 4 millones de euros en ayudas, además de préstamos, avales y otros incentivos, según informó Martín Soler hace unos días en el Parlamento de Andalucía. Todo ello muy justificado, pues los almerienses no podemos permitirnos el lujo de ver cómo se deteriora un sector que ha sido clave para el desarrollo provincial y que, en cuanto la situación económica nacional e internacional –la exportación, para el mármol, es muy importante- alcen el vuelo, volverá a desempeñar el papel importante que desde hace muchas décadas ha tenido.

Pero hay, igualmente, otra verdad verdadera: Desde hace también muchos años Almería cuenta con un subsector dentro del mundo de la obra civil, el de la maquinaria para movimiento de tierras, que goza de gran prestigio dentro y fuera de nuestra provincia por la solvencia de las empresas que lo conforman y por el moderno parque de maquinaria del que disponen. Generalmente son empresas de tipo familiar, la mayoría de ellas regidas por jóvenes de la tercera o cuarta generación. Los Parra, los Valero, los Egea, los Jerez, los Ramos, los Espinosa, los Vargas, los Garrido, Los Lozano… son apellidos de empresas familiares asociados a las palabras formalidad y garantía en el movimiento de tierras en la provincia de Almería. Sobre su importancia y repercusión en la economía provincial no existen datos tan precisos como en el mármol, pero sí se puede decir que estamos hablando de más de un centenar de empresas, tres centenares de máquinas, muchas de ellas máquinas pesadas, y 3.000 empleos directos. Viven y sufren la misma crisis que todos, pero, al contrario que otros, ni reciben subvenciones a fondo perdido, ni se les abren líneas especiales de avales, ni sobre ellas se elaboran planes de reflotamiento ni el IDEA nunca lo establece como un sector susceptible de ayuda.

Ahora, la provincia de Almería, de este a oeste, va a ser puesta patas arriba por las obras del AVE. Hay mucho trabajo que realizar, muchas tierras que mover, muchas explanaciones que hacer, muchos túneles, puentes y zanjas. Es una excelente oportunidad que se presenta para que esas máquinas inactivas de las canteras del mármol vuelvan a arrancar sus motores, pero también lo es para que vuelva el rugir de las máquinas de los auténticos profesionales del sector, los que siempre se han ocupado de esto y no de otra cosa. La gestión del Secretario General del PSOE, Diego Asensio, para que las inactivas máquinas del mármol presten servicios en las obras del AVE ha sido muy oportuna y es una prueba de la sensibilidad que se tiene con la crisis de la zona. Pero esta misma sensibilidad también hay que tenerla, y estoy seguro de que se va a tener, con los otros. Por una razón principal: Porque las obras del AVE van a ser una importante fuente de generación de puestos de trabajo y de ocupación de maquinaria de este tipo. Tan solo los tramos que ya están adjudicados y que van a comenzar de forma inmediata –algunos incluso ya han empezado- pueden ocupar todo el parque de maquinaria de la provincia, tanto la maquinaria del mármol como la del sector propio. No es cuestión, como alguien ha dicho, de imponer a las empresas adjudicatarias de las obras el nombre y los apellidos de sus subcontratistas. Que no, no es eso. Ya sabemos que en una economía de libre mercado y de fuerte competencia como la nuestra la libertad empresarial tiene que estar, y está, garantizada. Pero no es de un mal político, sino precisamente de todo lo contrario, hacer las gestiones precisas para que, en igualdad de condiciones, se procure dar empleo y trabajo a quienes residen y prestan sus servicios en el lugar donde se desarrollan las obras.

Cuando muchos almerienses y andaluces reivindicamos que, siempre dentro de lo posible y siempre con un escrupuloso respeto a la legalidad, las administraciones públicas de Almería y de Andalucía deben de procurar que las obras que se realizan en nuestra tierra se adjudiquen a empresas de aquí no lo hacemos porque nos da un ataque de orgullo patrio o un egoísmo propio. Las empresas de aquí, a quien primero dan trabajo es a los propios trabajadores y empresas de aquí. Dicho de otra manera: En estos casos, la riqueza que aquí se genera aquí se queda. La mayoría de las comunidades autónomas han articulado fórmulas para –insisto una vez más, siempre respetando la legalidad- procurar que las obras que se realizan en su territorio sean realizadas por empresas locales. En Andalucía llevamos muchos años luchando por crear un campo de sensibilidad en este sentido y mentiríamos si dijéramos que llevamos poco terreno avanzado. Pero otras comunidades autónomas van diez pasos por delante. Un ejemplo: Cuéntense el número de empresas murcianas y valencianas que resultan adjudicatarias de obras en la Comunidad Autónoma andaluza y cuéntense el número de empresas andaluzas que resultan adjudicatarias de obras en las comunidades autónomas murciana y valenciana. El dato es escandaloso. ¿Y por qué? ¿Acaso nuestro sector empresarial es menos solvente que los de allí? Ni por asomo. Precisamente todo lo contrario. Los tiros van por otra parte, por la otra parte.
(Este artículo ha sido publicado en "Diario de Almería" el día 10 de octubre de 2009)